A vueltas con la crítica

por José Enrique Vidal | 18 Septiembre 2009

No paran últimamente algunos de nuestros dirigentes de salir a la palestra para reprender al sevillismo por tanta crítica hacia el primer equipo y, fundamentalmente, nuestro entrenador, Manolo Jiménez.

Incluso Ramón Rodríguez Verdejo, “Monchi”, al que siempre he tenido por persona moderada y con temple, ha llegado a tildarnos, desde los medios de comunicación del club, a quienes –aquí he de incluirme- opinamos públicamente sobre la marcha de la entidad, de aficionados “aburridos”, a los que nos sobra el tiempo. Poco más o menos que hablamos del Sevilla porque no tenemos nada mejor que hacer.

Puedo asegurarle a Monchi, y a cualquier otro que piense como él, que no ando sobrado de tiempo precisamente, y el que saco para dedicarlo a mi Sevilla, no está retribuido, sino que grava muy significativamente mi vida personal. No es nada fácil escribir un artículo, si quieres hacerlo de forma medianamente decente, menos aún con la periodicidad que te exigen los medios en que colaboras, y eso lo saben muy bien cualquiera de las magníficas plumas que pueblan estas columnas.

En el fondo, así lo veo yo, hay mucho de hipocresía en ese discurso corrector de nuestros gestores, puesto que en rigor, ellos, que se sienten agraviados por los comentarios del aficionado, justamente hacen lo mismo que nosotros, esto es, criticarnos, aconsejarnos, sugerir cómo tenemos que actuar, a quienes tenemos la oportunidad de manifestar nuestras inquietudes sobre algo que queremos por encima de casi todas las cosas, nuestro Sevilla Fútbol Club.

Me parece sumamente torpe emprender ese camino. No encaja con la idiosincrasia y la historia del club, y tampoco con los mecanismos establecidos por la institución –que bien presume de ellos- para dar cauce a la expresión de los aficionados.

Parece, en primer lugar, que algunos no se dan cuenta que si existe crítica, opinión, comentarios, discusiones, acerca de nuestro equipo, es porque nos importa, y mucho, y nos preocupa, aún más. El debate que se genera, al menos a nivel de aficionados –no me refiero al periodismo-, no es más que reflejo del lugar preponderante que ocupa nuestro Sevilla en las mentes y el corazón de los miles de sevillistas que seguimos incondicionalmente al club, y tiene el objetivo indiscutible de progresar, de ser mejores, de alcanzar nuevamente la gloria. Ciertamente la mayoría no hemos vivido el fútbol profesional a pie de hierba, pero les aseguro que quienes ya tenemos unos añitos, algo hemos aprendido, aunque sea a nivel de espectadores, viendo una media de cuarenta o cincuenta partidos de nuestro equipo durante otros tantos años, y viviendo el día a día de la entidad con el máximo celo e inquietud. ¿O es que los viejos aficionados de la Maestranza no saben de toros porque nunca se han puesto delante de un Miura?

En segundo lugar, quienes se ceban con el aficionado crítico, olvidan, y esto es mucho más grave, que muchos de nosotros somos socios, con muchos años consecutivos de carnet sobre las espaldas, y más antigüedad en el club que algunos de los que se sientan en los sillones del Consejo de Administración; también somos accionistas, con mayor o menor peso en el capital, pero co-propietarios, aún modestamente, del patrimonio histórico, material y humano de la entidad; finalmente, casi todos, somos locos consumidores casi compulsivos de todo lo que huela a Sevilla Fútbol Club, llámense abonos, entradas para partidos fuera de abono, camisetas, viajes, medios de comunicación, etc. Si computásemos todos los minutos de nuestra vida que hemos dedicado material o intelectualmente al Sevilla estoy seguro que muchos acumularíamos años. En definitiva, somos los primeros interesados en la buena marcha del club, en contribuir a su éxito, y en ello sólo hay razones sentimentales, y no motivos profesionales, como quizá podría suceder con muchos de los que, percibiendo un salario del club, se atreven a menospreciar, pública o privadamente, a la masa social.

La crítica del aficionado sevillista es necesaria, sin ella no habría progreso, y la institución quedaría varada, a merced de los buitres. Los mismos que hoy ocupan altos cargos en el club han sido en el pasado críticos acérrimos de anteriores dirigentes, ¿o es que ya no se acuerdan?. Todos los que somos padres sabemos que la educación de los hijos no se consigue a base de palmaditas en la espalda, y consentirles todos sus caprichos. Es imprescindible limar defectos, reconducir caminos, señalar debilidades y pelear por ser mejores y más fuertes, para estar preparados para competir en la calle. Eso es lo que hacemos con nuestro Sevilla, lo que intentamos, con mejor o peor fortuna, cuando hablamos de él. Malos tiempos correrían si fuésemos conformistas, y flaco favor haríamos a nuestra entidad si sólo nos dedicáramos a adular a los nuestros. Muy cerquita tenemos el ejemplo de dónde puede acabarse cuando la afición le consiente todo a sus dirigentes y jugadores, los supra-valora pese a que son mediocres, y se regodea proclamando que todo lo suyo es lo mejor porque sí. Ese fanatismo irracional de quienes han vendido su alma al diablo es la perdición, y te lleva a una espiral de debilidad de la que ni siquiera con movilizaciones subvencionadas mediática y políticamente tienes posibilidades de escapar. Así que, sintiéndolo mucho, seguiremos criticando, opinando, debatiendo, mientras podamos y nos dejen, mientras tengamos fuerzas y el cuerpo aguante, desde el cariño y desde el respeto, por y para el Sevilla Fútbol Club.

José Enrique Vidal

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