El Sevilla F.C., ha conseguido un buen resultado en el choque copero contra el Getafe C.F. Un 2-0 es prometedor para la vuelta. Objetivo casi cumplido. Tiene prácticamente otra final a las puertas.
Pero ese logro parece no tener mucha importancia. Porque parece que volver a jugar una semifinal y estar a las puertas de otra final, no parece importante.
No todos los sevillistas que estuvimos ayer en el partido copero pitamos la decisión de Jiménez en el cambio de Negredo por Romaric. Aunque, en muchas ocasiones, hallamos soportado partidos infumables de nuestro equipo, no compartimos la crítica, la despiadada crítica que soporta nuestro entrenador, un partido sí y otro partido también, desde que accedió al cargo. El cambio, la sustitución, a mi entender, era tan evidente como necesaria.
No he conocido en todos los años que llevo como socio sevillista mayor presión, mayores críticas, mayor vilipendio a un entrenador, como la que le dedican, desde todos los sectores,
propios y foráneos, a un entrenador de la casa. Que a nuestro entrenador le lluevan las críticas desde medios ajenos al Club, que algunos miembros de la prensa sevillana hayan hecho causa común para vituperarlo, como si todo lo que ocurre en el Sevilla F.C., fuera por su causa, no se entiende, pero bueno, es lo que hay.
Dentro de este mundillo, hay gente dolida porque sus curriculos no han sido objeto de la estimación de la dirección del Club. Gente que ha hecho causa personal contra todo lo sevillista, desesperados ante tanto éxito, amargados por no conseguir sus objetivos, cuestionan, maltratan, vilipendian, odian en definitiva, que un humilde y currante sevillista, profesional ante todo, sea, siga siendo, todavía entrenador del Sevilla F.C., e intentan minimizar todo lo bueno que consigue.
Todos los errores, todas las deficiencias, todos los problemas, son culpa del mismo. Y los éxitos, los objetivos logrados, son siempre resultado no de su trabajo sino de los futbolistas que componen la plantilla sevillista, del buen ojo del departamento técnico o del ramo de flores que le brota siempre. Por desgracia, nadie repara en que, equivocado o no, Manolo Jiménez sigue fiel a su manera de entender el futbol, y aunque no compartamos esa forma de verlo o practicarlo, lo cierto es que los resultados deportivos son, como ocurre siempre con todos los entrenadores, los que mantienen a los entrenadores en su puesto.
No olvidemos que la mayoría de los candidatos a ocupar su puesto han sido defenestrados porque no han cumplido con el objetivo para el que fueron contratados. Esto le da a Manolo Jiménez la razón y por eso actúa con esa fuerza de convicción y sigue adelante con sus premisas, con su forma de entender y desarrollar el futbol. A pesar de trabajar en las condiciones que está trabajando desde el principio. Con el estigma del más laureado entrenador del Sevilla F.C. y del maravilloso futbol que su equipo practicó. Ese mismo que nos dejó tirado en la cuneta por el vil metal. Creo que si no olvidamos lo bueno, tampoco deberíamos olvidar esa afrenta y ese ninguneo.
Por eso me duele tanto como sevillista, que los aficionados rompan en una temenda y sonora pita a nuestro entrenador sin dejar siquiera a que se viera si el cambio era positivo. A pesar de ver lo que estábamos viendo. ¿Porqué nos dejamos influir por tamaña campaña difamatoria? ¿Es qué no somos capaces de distinguir galgos de podencos?. Quizás estos lamentables periodistas que rumian su sevillismo-antisevillismo, se froten las manos y vean vía libre a sus pretensiones cuando escuchan, o ven, como distintos socios sevillistas invitados a las distintos programas de opinión del Club, y amparados en el derecho libre de opinión que éste les concede de forma magnánima, se despachen a gusto contra el entrenador del Sevilla. ¡Desde su propia casa!
¿Significa esto que hay que vetar las opiniones de los sevillistas disconformes con el trabajo de Manolo Jiménez?. En absoluto. Lo que hay que saber manejar es que si ya desde fuera se ejerce una extrema presión sobre él, al menos desde casa se debe atemperar esas intervenciones y no incrementar la crispación que permanentemente vive el entrenador del Sevilla F.C. Cierto es que, una opinión, bajo mi punto de vista desafortunadísima, del Presidente José María del Nido, respecto a como debía comportarse la afición en el caso de que el equipo perdiera un partido, reclamando sus protestas para mantener la tensión en el equipo, ha ayudado a contribuir en esta escalada que parece no tener fin y que luego se refleja en que esa mayoría de aficionados sin voz, manifiesten su impotencia, su incomprensión de manera tan vehemente como lo hizo, tristemente, este pasado Miércoles.
Manolo Jiménez debería, a estas alturas de la película, haberse ganado la confianza y el respeto de los aficionados sevillistas. Debería tener un poco más de tranquilidad y menos presión, al menos de los que deberían estar de su parte. Como ya he dicho en otras columnas, el resultado de su trabajo y la consecución de los objetivos son y serán su aval cara al futuro.
Mientras tanto, unos que se arañen, otros que pongan en la balanza de su crítica, debes y haberes y un poquito más de paciencia. Los demás, seguiremos intentando comprender a esta afición sevillista, que ha olvidado tan pronto su pasado.
Pedro González