Álvarez, ¿un clon de Jiménez?
1 Septiembre 2010
Antes del debut liguero del pasado sábado frente al Levante, el título de este artículo no hubiera llevado interrogantes, habría sido una afirmación rotunda, sin asomo de duda.
Pensaba sin ambages que Antonio Álvarez estaba dispuesto a emular a su predecesor en el banquillo sevillista, habida cuenta:
1).- Su empecinamiento en utilizar un sistema 4-4-2 con Luis Fabiano y Kanouté estáticos en punta, empeñando toda la suerte del equipo a un eslalon feliz de Jesús Navas o de Perotti desde mediocampo, sorteando no menos de cuatro contrarios, junto con un despiste de la defensa local en la marca sobre cualquiera de los dos atacantes, instalados invariablemente como islotes en la corona del área rival.
2).- Su incapacidad para superar una eliminatoria de competición europea frente a un enemigo netamente inferior en lo técnico, cuyo receta para tumbar al equipo blanco era tan simple como estudiar su previsible sistema de juego y contrarrestarlo: Fenherbace, Sampdoria, CSKA Moscú o Sporting de Braga. El patrón de las derrotas, prácticamente el mismo: desaprovechar los partidos de ida para hacer los deberes, fiándolo todo a la trampa de la devolución de visita.
3).- Lo más grave, el hecho y principalmente las formas de despreciar la oportunidad casi única de agarrar un título para las vitrinas de Nervión, ante rivales estructural o puntualmente inferiores, ofreciendo unas noches de fútbol vergonzantes: semifinal copera 2009 frente al Ath. Bilbao en San Mamés (3-0) y vuelta de la finalísima de Supercopa de España 2010, frente a un F.C. Barcelona en precario (4-0), en ambos casos, sin ser capaces de generar una sola ocasión de gol (en ataque, claro). Siquiera sea a nivel sentimental, ambos partidos parecieron siameses, provocando una sensación, creo que generalizada, de decepción en los aficionados directamente proporcional a las esperanzas puestas en la cercanía de la plata.
El pasado sábado el míster decidió cambiar de sistema de juego, aplicando un 4-3-3 o un 4-1-4-1 según prefieran, de marcada inspiración culé, atisbándose –discretamente- algunas alternativas en la dinámica atacante –y de control de pelota- que suponen una novedad respecto a lo visto hasta ahora.
Después de toda una pretemporada (y de los diez partidos de la pasada, que el míster no es un recién llegado, sino perfecto conocedor de la materia humana que tiene a sus órdenes), duele que estos experimentos se practiquen en partido oficial, vista la factura que el Club ha pagado en las competiciones de agosto, tras más de tres semanas de pruebas. El escaso recorrido de la nueva estrategia y la debilidad manifiesta del rival aconsejan ser prudentes respecto a su eficacia, si bien es de esperar que su funcionamiento no sea tan efímero como aquel invento de Jiménez con Romaric tirado a la banda izquierda que duró tres partidos.
Con todos los respetos para Manolo Jiménez, y valorando los resultados obtenidos durante su etapa como técnico del primer equipo, ruego fervientemente que Antonio Álvarez deje de parecerse a él lo antes posible, en cuanto a sus planteamientos tácticos se refiere.
Confieso que el de Marchena todavía me tiene asustado con aquella frase del día de su renovación cuando señalaba que todavía no se ha visto la verdadera mano de Álvarez en el equipo. Si su mano es la que hemos visto en la pretemporada, es para echarse a temblar, porque comparto con Monchi que tenemos un gran equipo, y que puede ofrecer un muy buen rendimiento.
Así pues, esperemos –y deseamos- que Álvarez encuentre su identidad propia (si es que la tiene) y que lo haga cuanto antes. Sería la mejor señal para la trayectoria deportiva de presente y futuro del Sevilla Fútbol Club. El referente táctico del Barcelona nos viene muy grande, lo tengo claro, pero desde el plano defensivo no tanto, pese a la incidencia que sobre ello tiene la brutal posesión de balón que garantizan las figuras azulgranas. Personalmente, con parecernos a ellos defensivamente me conformaría. ¿Es tan difícil lograrlo?.
José Enrique Vidal
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