La guerra sucia contra el Sevilla Fútbol Club

por José Enrique Vidal | 9 Septiembre 2009

“La historia del Sevilla es limpia y diáfana, libre de toda mácula, llena de esfuerzos y sacrificios” (Ramón Sánchez-Pizjuán)

La oposición al Sevilla Fútbol Club nace muy pronto, desde la misma creación del España Balompié, en septiembre de 1908. Mirado con una mínima perspectiva objetiva, cualquier sutil observador puede comprender que el equipo formado por los futuros militares de la Escuela Politécnica no fue más que una reacción desde lo tradicional y “españolizante” frente a la modernidad, el progreso y el aperturismo que representaban los jóvenes “bien” que integraban el Sevilla Foot-Ball Club, educados en el extranjero y comprometidos con las ideas regeneracionistas de las elites intelectuales del país. A tal fin, aquellos “patriotas” que se preparaban para soldados en la Politécnica, enardecidos por el sentimiento español fresco aún por las recientes celebraciones de “España en Sevilla”, no dudaron en adoptar una simbología que les identificara al máximo con sus ideales, y que marcase diferencias con su rival, buscando situarse en el extremo opuesto a lo que aquéllos encarnaban y ellos despreciaban. Así, eligieron los colores rojo y gualda de la bandera para su escudo, el azul y el blanco del uniforme de artillería para su vestimenta, el mismo nombre de España para denominar al equipo y, sobre todo, el neologismo Balompié, como elemento distintivo que mejor lo oponía y contrastaba contra el Foot-Ball Club de la ciudad. Así son las cosas, tan simples y a la vez tan rotundas, por más que algunos se empeñen en tergiversarlas, de ahí que quienes sostienen el decanato futbolístico de la ciudad para el equipo de la Palmera no hagan sino insultar a la inteligencia de propios y extraños, moviendo a la hilaridad y a la lástima.

Si desde su mismo origen, y por su propia esencia, el eterno rival de los sevillistas nace como reacción a los blancos, no es de extrañar que a lo largo de la historia se hayan producido numerosos episodios de agresión contra el club de Nervión, siendo el arma preferentemente utilizada, a falta de otras más contundentes, la propaganda falaz. Así, desde las primeras décadas del siglo XX encontramos a los rectores béticos publicando cartas ignominiosas en la prensa local y nacional contra el Sevilla Foot-Ball Club, con el objetivo de minar su prestigio y buen nombre, a falta de capacidad para doblegarlo sobre el terreno de juego. Con ello se conseguía un doble objetivo, mancillar la imagen del rival y justificar sus propios fracasos, desviando la atención del verdadero meollo. Cada derrota venía seguida de una acusación pública de ardides antideportivos, como no hace tanto pasaba también con el cuchillo de Benjamín, el trato a sus directivos en el palco de Nervión, las camisetas o el comportamiento de Cristóbal Soria. Como vemos, esta estrategia se ha repetido permanentemente a lo largo de los tiempos, con tal habilidad que incluso casos absolutamente increíbles a poco que se conozca bien quién es quién y la idiosincrasia de cada cual, serán vueltos del revés para presentar a los verdiblancos como víctimas indefensas y a los sevillistas como crueles verdugos.

Dos de los ejemplos más sangrantes de esta auténtica guerra sucia son el famoso 22 a 0 o el llamado caso Antúnez. En el primer supuesto, acaecido en 1918, los verdiblancos acusan al Sevilla de mover hilos en Capitanía General para que dos jugadores béticos que hacían el servicio militar no obtuvieran permiso para disputar un partido contra los blancos, pese a que eran ellos quienes contaban con las máximas influencias en las altas instancias militares, y no sólo por herencia natural de sus fundadores (ver La Palangana Mecánica). En el segundo caso, se ha vestido de abuso un expediente que en puridad no fue sino maniobra premeditada para arrebatar al Sevilla el único título liguero conquistado hasta ahora por los nuestros (ver Ayer y Hoy Sevillista, post1 y post2), el de la temporada 1945-46. En este asunto, los béticos fueron incluso sancionados por publicitar los recursos antes de que se resolviera el procedimiento, quebrando así las disposiciones federativas que lo prohibían.

La eficacia de la maquinaria propagandística verdiblanca es difícil de valorar, son muchísimos años de insistencia en el discurso y varias generaciones criadas en una mentira que nadie merece, pero que de tanto repetirse puede sonar a verdad absoluta, sobre todo cuando el mensaje procede de familiares y amigos en quienes se tiene una confianza ciega. Y es lógico que así sea, les pasa a ellos, que lo han convertido en su alimento espiritual para las largas jornadas de ayuno deportivo, pero por decantación, también nos pasa a nosotros, a fin de cuentas somos vecinos, hermanos, y no a todos nos inquieta cuestionar lo incuestionable o indagar en el pasado para conocer la verdad. Para colmo, la democracia y con ella la aparición de nuevos políticos que podían sacar un cómodo rédito electoral acudiendo al populismo de encasillar a Sevilla y Betis en clases sociales antagónicas, siguiendo el más rancio ideario de éstos, permitieron el asentamiento de una imagen de ambos clubes absolutamente irreal, dando credibilidad incluso institucionalmente a discursos denigrantes contra el Sevilla Fútbol Club, generando así una corriente de antipatías hacia el club decano que aún hoy perdura.

Afortunadamente, tiempo ha pasado desde entonces y parece que por fin las aguas vuelven poco a poco a su cauce, y cada cual al sitio que le corresponde, por la vía de los hechos y no por la de las vacuas palabras. Ahora son otros los que se preocupan de que el Sevilla Fútbol Club no les estorbe, están en Madrid, Barcelona o Valencia, como antaño, y utilizan un armamento muy distinto, más difícil de contrarrestar. En cualquier caso, podemos estar tranquilos, un palmarés con diecisiete Campeonatos de Andalucía, una Liga, cuatro Copas de España, una Supercopa de España, dos Copas de la UEFA y una Supercopa de Europa, amén de numerosas participaciones en competiciones europeas, triunfos en trofeos de verano y la proclamación como mejor equipo del mundo durante dos años consecutivos, 2006 y 2007, parecen desmentir un daño deportivo real de esa propaganda infamante, y nos permiten afirmar que el Sevilla Fútbol Club es un grande, y lo ha sido siempre, pese a los obstáculos y a las dificultades que permanentemente ha encontrado en su camino a la gloria.

José Enrique Vidal

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