por Ángel Cervantes | 4 Marzo 2012

Todo resultó muy parejo en el choque del sábado noche en el Sánchez-Pizjuán. Cada equipo anotó un tanto, cada uno se llevó un periodo del encuentro. Justas tablas, pues, las de un partido de más entrega que calidad, más velocidad que precisión. Lo peor, de largo, el arbitraje de Álvarez Izquierdo que, sin influir en el marcador final sí resultó demasiado permisivo con la dureza empleada por algunos jugadores atléticos. El primer tiempo de los de Míchel no fue bueno; en realidad no fue bueno el primer tiempo en sí, pero el Atlético se sintió cómodo sobre el césped, se apoderó de la línea media con un elemento más y aprovechó la única oportunidad clara que se le presentó. El Sevilla apenas inquietó el portal de Courtois y permitió, por las constantes imprecisiones de un muy inseguro Coke, que los atléticos percutieran una y otra vez por la banda izquierda de su ataque.
El segundo tiempo, dicho queda, tuvo manifiesto color blanco. El recital de Jesús Navas, que atraviesa un momento espectacular, sólo pudo traducirse en el gol del debutante en Nervión Babá, que resolvió bien ante el portero belga del Atlético. El caso es que el Sevilla metió una marcha más, ganó el centro del campo gracias a la labor estajanovista, un partido más, de Gary Medel y desarboló por momentos a un rival que terminó por echar de menos a los buenos que faltaban. Mejoró ostensiblemente la línea defensiva, con un muy entonado Spahic hasta que tuvo que retirarse por lesión. Parece claro que la disposición, menos adelantada, de la línea de cuatro y, no se olvide, la presencia por detrás de un siempre concentrado y autoritario Andrés Palop ha transmitido tranquilidad y coherencia a los zagueros. El punto, en fin, pudo saber a poco; el encuentro del próximo sábado en el Molinón ante el herido Sporting servirá para hacer bueno el empate de anoche ante un directísimo rival.


