por Pedro Monago | 9 Enero 2012
Leía ayer en una red social una discusión sobre si la postura de quienes no vayan al partido de Copa del Miércoles es síntoma de un déficit de sevillismo o no, con alusiones a la ausencia de sentimiento de los colores, por una parte, y a lo injusto de sacar un sevillómetro, de la otra.
Yo soy un firme convencido de que el sevillismo no se puede medir de ninguna forma, porque en definitiva no deja de ser un sentimiento y, como todos sabemos, los sentimientos no se miden. No se puede saber si un hijo quiere más a sus padres que otro por el hecho de que vaya a verlos más o los llame todos los días y de la misma forma no es más sevillista el que va siempre al fútbol desde hace años que el que va poco o incluso decide no ir nunca.
Ahora bien, lo que sí está claro es que objetivamente podemos decir que hay dos tipos de sevillistas –en realidad, dos tipos de aficionados al fútbol, sean del equipo que sean-. Por un lado están –estamos- aquellos que año tras año sacamos nuestro abono, que no faltamos a ningún partido sea de abono o no, salvo imponderables y que incluso viajamos con el equipo cuando podemos. Todo ello, independientemente de que el equipo vaya bien o mal, gane títulos o esté en segunda. A estos los vamos a llamar con ese término sevillano tan bonito y que da incluso nombre a una peña sevillista: jartibles.
Y luego están todos los demás. Ni mejores ni peores, pero no encuadrables en los jartibles.
Antes de que nadie me ponga un comentario al respecto, debo admitir que la clasificación en uno y otro grupo no es, en ocasiones, sencilla, porque habría que tener en cuenta las circunstancias personales –económicas, geográficas, etc- de cada uno. Obviamente puede haber un número –en mi opinión menor de lo que luego, cuando llegan los felices tiempos de sacar entradas para finales, se pretende- de sevillistas de espíritu jartible que no pueden, por vivir fuera o porque su economía no se lo permite, ejercer como tales.
Hay que decir también que esta clasificación no tiene nada que ver con aquella otra tan de moda de “críticos” y “oficialistas”. Hay reconocidos “críticos” que son insignes jartibles y “oficialistas” que yo no incluiría en el grupo de jartibles.
Constatada esa primera y, en mi opinión, irrefutable realidad, añadiría otra no menos evidente. Los jartibles son –somos- una especie absolutamente imprescindible para los equipos de fútbol, porque difícilmente sobrevivirían aquellos si en los tiempos en los que no se ganan títulos o sucede algo peor, como perder la categoría, todos tomáramos la muy respetable decisión de no ir al fútbol. Eso por no hablar de quienes, también en postura muy respetable, deciden no ir aunque los resultados sean buenos, por el hecho de no considerar de suficiente calidad el espectáculo que ven en relación a lo que pagan. Es evidente, creo yo, que el Sevilla Fútbol Club ha podido ganar seis títulos, entre otras cosas, porque ha sobrevivido a cincuenta años de desierto futbolístico que se han atravesado gracias a quienes ha ejercido de jartibles a cambio de casi nada.
Insisto, para evitar suspicacias, no estoy hablando de buenos y malos, de más sevillistas y de menos sevillistas. Estoy hablando de un grupo de sevillistas que ha sido fundamental y que lo tiene que seguir siendo, grupo al que todo sevillista puede pertenecer, sin ser obligatorio.
Para los que no quieran estar en ese grupo, todo mi respeto. Para los que han decidido estar, mi admiración y mi eterno agradecimiento.




Yo, he de admitir, soy un jartible. De hecho ya tengo mi entrada para la Copa del Rey. Yo voy a todos los partidos, da igual cómo vaya el equipo, bien o mal.
Pero también he de admitir que voy al partido de Copa con un ánimo bajo mínimo. Espero el miércoles otro berrinche y voy sin ilusión. Quizá el equipo remonte y me dé la alegría de la semana, no lo dudo, pero a priori el equipo no me está dando lo que necesito como jartible.
Opino lo mismo que Marcelino en rueda de prensa. ¿Qué le vas a pedir al aficionado si el equipo da solo muestras de impotencia…? Pues así me siento yo, impotente, porque veo que el equipo no funciona.
Ahora bien, el miércoles el culo de mis pantalones vaqueros limpiará el polvo de mi asiento de gol sur como todos los domingos.
Pues yo no voy. Saco mi abono, con sacrificio personal, en el triunfo y en la mediocridad, en segunda y en primera, en Champions o Uefa. He asistido a las gloriosas finales y a un Sevilla-Toledo un Domingo de Resurrección a las 12 de la mañana. Pero el espectáculo de ayer (y lo que le ha precedido) me deja sin ánimos para animar, sin esperanzas de superar la eliminatoria, sin ganas de sacrificarme económicamente ni llegar a mi casa de madrugada un día entre semana, con frio y cabreado. Espero arrepentirme de esta desición. Que animen los que tanto pitaron a un entrenador que nos clasificaba 3º en liga y en una final de copa y fue destituido. Estos llevan unos añitos con la cabeza gacha y muy calladitos. Estoy cansado…
NO merecen que vaya nadie porque no se puede jugar peor y no transmitir nada y que se dejen de escritos y jueguen mas y mejor pero claro mientras este el entrenador que esta sera imposible
Jartible sí (no me he perdido ningún partido)…pero calzonazos más (lo veo en el campo cuando me deja mi mujé!!!!) jejeje
Lo mismo me pasa con las cervezas en La Antilla.
Un abrazo Pedro
P.D.- Qué bonito era cuando al fútbol se iba a las 5 de la tarde, y no ahora que “sólo” jugamos a las 9 o las 10 de la noche!!!