por José Ignacio Macías | 24 Julio 2011
Aprovechando que estamos en un fin de semana de pretemporada y la actualidad futbolística se reduce bastante, he echado una mirada al pasado y os voy a hablar de un elemento que ya es historia en el fútbol, me refiero al marcador simultáneo.
Actualmente, las personas ávidas de una información casi instantánea, sólo tienen que abonarse a un servicio de noticias y cuando ocurre un evento reciben un mensaje en su móvíl, escuchan la radio, ven la televisión o se conectan a internet. Uno de estos grupos de personas son los aficionados al fútbol que van a los estadios. A comienzos de los años 1950, esa necesidad existía, pero los asistentes a un partido sólo se enteraban de los resultados del resto de la jornada cuando llegaban a casa y la radio los ofrecía, y aún pasarían varios años hasta que se popularizasen los transistores. En algunas ciudades ya se ofrecían los resultados de la Liga en las principales salas de cine e imprimían unas hojas en tiempo récord, que se vendían los domingos por la tarde.
Es en 1951, cuando la agencia catalana de publicidad “Dardo” puso en marcha una idea importada de Argentina, que consistía en un enorme panel instalado en los campos de fútbol, donde se informaba de los resultados y mediante unas letras clave, que aparecían en los periódicos locales, se asociaba cada resultado a un partido. En el Sánchez Pizjuán también se convirtió en algo habitual la hoja gratuita que repartía “Gráficas Tirvia”, en donde a modo de programa aparecía toda la información del partido, así como las claves del marcador simultáneo.
En la temporada 1951-52, se instalaron en los principales campos, pero el impulso definitivo llegó en la temporada 1955-56, cuando se sustituyeron las letras por anuncios fijos durante toda la temporada.
En cuanto a la operativa, desde una sede central en Madrid se encargaban de recoger las novedades y distribuirlas mediante línea telefónica interna a las cabinas que disponían los marcadores de los distintos estadios, en donde los encargados procedían a colocar los resultados e incidencias en los propios casilleros. Al ser todo manual, ello obligaba a disponer de un amplio dispositivo de números y signos para atender a los diferentes resultados e incidencias que se fueran produciendo. Asimismo, junto al resultado también aparecían una serie de signos convencionales, los cuales igualmente se publicaban en la prensa junto a las claves. Dichos signos eran los siguientes:
Flecha amarilla: Primer Tiempo
Flecha verde: Descanso
Flecha roja: Segundo Tiempo
Flecha negra: Partido Finalizado
Flecha blanca: Partido Suspendido
Rayas blancas y negras: Avería Telefónica
Asimismo también existían otros signos, que se ponían durante unos instantes, y según sobre el casillero del equipo que se colocaban, significaban:
Disco rojo: Penalti en contra
Cuadro negro: Jugador expulsado
El marcador simultáneo “Dardo”, tuvo su época dorada durante 20 años, hasta que los marcadores electrónicos tomaron el relevo.
En el caso del Sevilla FC más o menos duró hasta pasado el Mundial de 1982, fecha en que se hizo cargo del mismo la agencia sevillana de publicidad “Alas” que lo mantuvo con anuncios locales hasta finales de la década de los 80, aunque ya en 1985 con la instalación en Gol Sur del primer marcador electrónico gestionado por ordenador, por parte de la empresa Vior, el simultáneo fue perdiendo protagonismo hasta su desaparición, ya que éste asumió también las funciones de simultáneo, y mediante un sistema de “ding-dong” conectado a la megafonía del estadio, avisaba a los aficionados para que miraran en pantalla las variaciones que se iban produciendo en otros campos. En cuanto a la ubicación en el Ramón Sánchez Pizjuan, siempre estuvo en la zona de “Gol Norte”, primero tras la tribuna baja, y después del cerramiento del estadio en 1975, pasó a la tribuna alta, el mismo sitio que actualmente ocupa el videomarcador de dicha zona.
Aunque las firmas comerciales que se anunciaban en el marcador simultáneo “Dardo” fueron muy numerosas, algunas se hicieron más populares entre los aficionados, pues mantuvieron su relación contractual durante varios años.




Me ha producido una gran emocion al leer lo da la hoja informativa de Gráficas Tirvia por que fue mi padre su creador.
¡GRACIAS CORDOBA CLUB DE FUTBOL!
-¡La Clave, oiga, la Clave! ¡Ha salido la clave, con el marcador simultáneo “Dardo”! ¡Todos los partidos de la quiniela! ¡Sepa si es millonario antes de llegar a casa! (y tal vez no quiera llegar – esto lo pienso yo-).
-¡La Clave oiga, la Clave!
-¿Me das una chaval?
-Sí, tenga. Son cinco pesetas. Y caen dos monedas de diez reales.
-¡Eh, chico, déjame una!
-Tenga señor. Y me la devuelve.
-Pero… ¿no se la queda?
-¡No! Sólo quería saber el Valencia – Sevilla, y ya sé que es “FAGOR”.
-¡Será capullo, hijo de puta!
-La Cla…
-¡Yo quiero una! Y caen cinco pesetas más, aunque éstas en calderilla, pero también valen.
-¡Yo quiero otra! Dice una voz a mi espalda y me giro rápidamente.
-¡Aquí la tiene! Le contesto, mientras alargo mi mano con una nueva papeleta, a la vez que recibo un billete de cinco duros.
-Su vuelta señor.
-Pero… ¿cuánto vale esto?
- Cinco pesetas
-Pues que yo sepa, cinco menos uno son cuatro.
-Bueno, es que no encontraba el otro duro.
-Ya …!
-La Clave, oiga, la Clave, con el marcador simultáneo “Dardo”…
El partido está a punto de comenzar. Hoy juegan el Real Madrid y como visitante, el Barcelona.
No muy lejos, veo a unos señores de unos treinta años, elegantemente vestidos y un tanto nerviosos -supongo que por la proximidad del comienzo del partido- que miran alternativamente el reloj y la parada del autobús.
Al momento, uno de ellos le hace un gesto al otro y me señala a mí mientras se dirige hacia donde yo estaba con paso apresurado.
-¡Toma chaval! Y me hace entrega de una entrada que, supongo, evidentemente estaba destinada en principio a la persona que debía haber llegado ya en el autobús.
-¡Espera! Exclama el otro, al tiempo que me retira la entrada de la mano.
-¿De qué equipo eres? Me pregunta acto seguido.
-¡Del Córdoba señor! Le contesto rápidamente, consciente de lo que me estaba jugando.
El vacila en un primer momento, pero el otro le corrige inmediatamente:
-¡Dale la entrada al chaval! ¿No ves que se la ha ganado?
Aún me quedaban unas cuantas papeletas más por vender; pero … ¡qué caramba! Me voy hacia la puerta de entrada, no vaya a ser que se arrepientan o, lo que aún sería peor, que aparezca el del autobús.
Nunca había estado en un estadio tan grande como el del Santiago Bernabeu, por eso me impresionó tanto. Recuerdo que al Vicente Calderón, a veces solíamos acceder saltando una valla (¿te acuerdas Marce?), pero no recuerdo bien si fue antes o después de éste hecho.
Bueno, a lo nuestro. El caso es que por esta vez, como un señor, y con la cabeza bien alta, muestro la entrada al portero y me dirijo rápidamente hacia el lugar que me indicaba la localidad.
Era en la parte de arriba (en el gallinero, claro), como gran parte del estadio entonces, zona para ver el partido estando de pié. Pero eso no era problema, veía bien desde mi lugar el césped y unas figuras blancas que se movían de un lado para otro. Luego aparecían otras figuras más oscuras que también se movían. Y de pronto… todo se me hizo oscuro. Noventa kg de carne se ponen delante y no me dejan ver el partido. Les acompañaban una bota de vino tinto y un bocadillo de chorizo en papel vegetal.
La luz volvió cuando me hice hueco moviéndome hacia un lado. No lo veía muy bien pero entendía el partido porque me ayudaba un aparato de radio que lo emitía en directo a un metro más o menos de dónde yo estaba y, además, también me ayudaban los comentarios los más próximos.
El partido fue bonito, creo que ganó el R Madrid con gol de Santillana (de cabeza, claro) a pase de Aguilar.
Una tarde que siempre recordaré, sobre todo porque también parte del bocadillo de chorizo y algún que otro trago de vino de la bota me acompañó en el camino de regreso al Orfanato.