por Paco Romero | 9 Julio 2010

La realidad del fútbol ha fulminado de un testarazo la ficción de la política nacionalista que inunda nuestras vidas: Bilbao, Pamplona, Barcelona, Lérida, Tenerife, Las Palmas de Gran Canaria, Santiago de Compostela… ciudades enteras, han festejado en sus calles el éxito de una selección, la española, que nos ha metido, a base de toque y espectáculo, por vez primera en nuestra historia, en una final de la Copa del Mundo.
Lo que son las cosas: Piqué, Puyol, Busquets, Iniesta, Xavi y Pedro, futbolistas del recién proclamado campeón de Liga en España… Villa, último fichaje estrella del Grande de Cataluña… y Capdevila, leridano de pro… todos –¡qué cosas!- han conformado el 73% de la “rojigualda” que nos ha encumbrado a nivel mundial.
Salvando los contados abusos que han trascendido en la prensa -como la chica de Badalona que acudió al colegio, entre abucheos de algunos compañeros, enfundada en la camiseta hispana o el intento baldío de cuatro “valientes” en reventar la celebración en la Plaza del Castillo, en plenos “sanfermines”, o las públicas manifestaciones de algún político catalán o vasco, “admiradores de toda la vida” de la selección teutona o de la holandesa, el próximo domingo- se ha vivido en las calles, en los balcones, en las oficinas, en el “tajo”, un sentimiento españolista que, aunque sea en derredor de un equipo de fútbol, no deja de ser la expresión de un sentimiento común que, siglos tras siglos, ha quedado marcado a sangre y fuego en nuestros genes. Y si no, que se lo pregunten a Puyol… a Jordi no, a Carles.
Bien harían los responsables políticos de nuestra nación en tomar buena nota del júbilo colectivo y de la contenida pasión en defensa de lo que nos une, en apreciar de una vez por todas que la gente “normal” no comulga con esas minorías independentistas y secesionistas que, con unos cuantos votos, marcan el tortuoso camino a toda una nación. Bien harían también los propios españolitos en exigir la defensa de otros muchos valores comunes al margen de las “vuvuzelas”.
Paco Romero



