Manolo Leonardo

por Pedro Monago | 5 Julio 2010

Mucho antes de conocer a Manolo, escuché hablar de él a mi padre. Era cliente suyo -mi padre trabajaba en un banco- y Manolo le regaló un carnet del Sevilla, momento a partir del cual mi padre renovó ese carnet tantos años como su salud le permitió ir al fútbol. Me lo presentó años después en un trofeo Colombino, un día que estaba celebrando con su familia que le habia tocado un pellizco en los cupones, pero que no había podido aguantar sin coger el coche, dejar plantada a la familia e irse a Huelva a ver a su Sevilla de su alma. Recuerdo que mi padre me dijo “ es de las mejores personas que me he encontrado en 40 años de profesión”.

La siguiente referencia que tuve no hacía sino confirmar esas palabras. Fue a través de mi peña, Nervionline, que trajo a dos chavales de la Escuela de fútbol que lleva el nombre de Monchi en Tucumán. No vamos a entrar en detalles que a él, una persona modesta, le resultarían embarazosos, pero se volcó con los chicos.

Algún tiempo después tuve la fortuna de compartir con él candidatura a la Junta Directiva de la Federación de Peñas San Fernando. Las elecciones fueron reñidas y me di cuenta de que Manolo no se sentía a gusto en ningún tipo de confrontación, aunque fuera, como aquella, reglamentada.

A partir de ahí, mucho trabajo y, afortunadamente, muchas celebraciones con nuestro equipo. Siempre al servicio del Sevilla y de sus peñas, su pasión era aún más grande cuando hablaba de las del Aljarafe, con las que tenía fuertes lazos – la de Benacazón lleva su nombre-.

Como decía más arriba, era tan modesto que solo presumía de dos cosas: ser campeón del mundo de perder paraguas y campeón de Europa comiendo. Nunca le oí presumir de ser más sevillista que nadie -que no lo hay más- ni de hacer paellas para cien personas que se nos saltaban las lágrimas de buenas.

La semana pasada coincidimos en la cola de renovación de abonos y nos estuvo contando a nuestro común amigo Jesús Castaño y a mí, las patadas que le dieron en un campeonato amateur en el campo del Betis, cuando tenía 16 años. Acabó diciendo “a mí me rompieron dos veces el brazo, otras dos la tibia, me dieron un montón de puntos en la cabeza y me fracturaron la nariz”. Yo le contesté “¡vaya record, Manolo, todo eso en el mismo partido”. Se moría de risa -vaya guasa tiene el Pedro este, decía- y tengo la suerte de que ese es mi último recuerdo de él.

Sabrán entender el desorden que preside este post, pero entiendan que, de verdad, caen lárgimas en el teclado, por este gran sevillista, enorme peñista, genial amigo pero sobre todas las cosas… una de las mejores personas que he conocido en mi vida.

Descansa en paz, Manolo.

Pedro Monago

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