por José Manuel Ariza | 27 Junio 2010
Saludos.
La historia del fútbol moderno español –digamos… en los últimos cincuenta, sesenta o setenta años-, está ligada, nos guste o no, a los caprichos capitalinos, a los equipos de la ciudad que alberga la sede del gobierno desde hace siglos.
Es la ciudad más “importante” por ello y la que aglutina a la fauna más potente en torno al Poder –el poder económico es el poder político y viceversa-. Así, la ciudad centro de todas las decisiones que afectan al Estado, debe tener y tiene al equipo con más recursos, medios y dinero de todos y el que atesora mayor número de títulos. Luego podremos discutir si ésos títulos, todos, los consiguieron en buena lid.
Solo en Cataluña podemos encontrar otro equipo de similares proporciones y siempre, por el sencillo hecho de no ser de ésa capital, ligeramente más abajo aunque haga temporadas excepcionales de vez en cuando.
El equipo de la capital –hay otros pero de muy menor tono y que ni siquiera alcanzan tanta “categoría” ni aún con las dosis masivas de importancia que les inyectan gratuitamente-, entidad exenta de la mayoría de los males que afectan al resto de clubes nacionales por decisión federativa, posee también un conglomerado de medios de difusión que salvo el “AS” –creado expresamente para ensalzar a los merengues-, arriban a la estela de los halagos por la muy sencilla y elemental razón de que tienen el mayor número de aficionados, es decir, los mensajes alcanzan a más consumidores. Y los medios son empresas que venden “información”.
Nada que reprochar, o tal vez si, en que una sociedad comercial persiga obtener los mejores resultados posibles en sus cuentas anuales, en el reparto a sus accionistas.
Pero cuando vendemos “información” chocamos frontalmente con principios éticos –que no discutiremos ahora aunque podríamos extendernos muchísimo-, de tal forma que solo llegamos a la conclusión de que los beneficios están por encima de cualquier otra consideración. Y para lograrlos, haremos lo que sea necesario.
Toda ésta pesada introducción para señalar algunas notas que he ido tomando en los tres primeros partidos de la Selección Española de Fútbol y la aparición de Navas en la alineación.
Navas es un extremo formidable, ágil, velocísimo, preciso, descarado, incansable… una “mosca cojonera” para los laterales zurdos de cualquiera sea el otro equipo, de cualquier nombre. Es un tipo capaz de colgar en el área quince o veinte balones por partido y eso, en fútbol, serán quince o veinte posibilidades ciertas de gol. Además, desborda con una facilidad pasmosa y ha crecido tanto que ya podemos colocarlo, sin tapujos, entre los goleadores netos por su facilidad en tirar a puerta.
Navas es una joya de la cantera, de la inagotable cantera del Sevilla.
Navas, también, es una joya codiciada. Solo los muy poderosos –llámense Madrí o similares- podrían optar a la adquisición de un elemento tal. Navas cuesta mucho dinero y solo los ricos y muy pudientes pueden permitírselo. De los que solo tienen que señalar con el dedo lo que desean.
Adivinamos que el Madrí ha pedido precio por Navas. Lo sabemos porque lo ha hecho siempre con todo aquel que destacó en nuestro Equipo y se lo ha llevado. Nada nuevo.
Pero parece que ésta vez, éste año, no piensa pagar la altísima cláusula que condiciona su traspaso y que Del Nido no está dispuesto a bajar un céntimo de la misma…
Y comienza el show.
Establecido que Navas no va al Madrí éste año –por ahora- y de la misma forma en que veremos, leeremos y escucharemos, una semana antes de los dos enfrentamientos previstos en la Liga próxima que todo está hecho, comienza el contraataque de los medios para “desprestigiarlo”.
Porque si no estás conmigo, estás contra mí.
Y si se firmara el acuerdo, Navas sería la octava maravilla del mundo en un par de titulares, un telediario y dos ediciones digitales.
Pero el runrún no cesa. Navas, para los comentaristas del mundial –sean del medio que sean y especialmente los de Madrí y del Madrí, es decir, casi todos-, no está a la altura del resto de jugadores.
Salió de titular en el segundo partido, colgó un sinfín de balones al área que un disminuido “Niño” Torres con su puesto asegurado, pase lo que pase y aunque lampe muy por debajo que los demás –y cuando en el banquillo estaba un tal Llorente que maneja la testa muchísimo mejor que el de Madrí- derrochó sin tapujos, con fallos clamorosos; Navas dio un pase de gol y provocó un penalti, batalló sin tregua bajando a defender y haciendo kilómetros sin cesar porque es inagotable y corre igual en el minuto uno que en el noventa…
Pero a los comentaristas no les quiso gustar y se pasaron el partido socavando, punzando, minando e infravalorando el juego de uno de los más destacados y que junto con Busquet, a mí me parecieron los mejores.
A tal punto llega la presión de ésos medios madridistas que en el tercero no aparece y es el único en “caerse” de la lista.
Estoy por apostar en que solo volveremos a ver su juego prodigioso en alguna segunda parte, cuando las cosas se le compliquen a Del Bosque y necesite a alguien que le saque del apuro, para remontar un marcador adverso.
Cuando por fin pudimos ver un destello de inteligencia en el Seleccionador, los medios se encargan de colocarlo todo en su lugar.
No meneallo, D. Vicente.
Navas, por tanto y para los medios de Madrí, solo volverá a ser grande en ésas dos semanas que señalo. O si pagaran la cláusula.
Algunos tenemos muchos años y memoria y nada de esto nos llama la atención. Lo lamentable es que haya muchísima gente joven que se deja impregnar de ésos comentarios, que los repite cuales papagayos adiestrados y que permite que los medios de un equipo se superpongan a todos los demás juntos… porque los consumen masivamente y porque no son capaces de distinguir entre amigos y enemigos, entre brutalidad y sutileza, entre descaro y perfidia.
Y no importan los colores aunque en los nuestros ésas actitudes sean lamentables.
Cuidaros.
Jose Manuel Ariza



