por Ernesto López de Rueda | 1 Junio 2010
Con lo ocurrido hoy al conocer la opinión pública la presunta implicación de un conocido periodista sevillano de la cadena SER en un turbio asunto de insultos e injurias al presidente, consejeros y colaboradores del Sevilla FC y que está siendo investigado por la policía habiendo devenido en la imputación de Santiago Ortega como en su momento ocurrió cuando también la justicia condenó a Lucas Haurie y a la página digital muchodeporte.com y sus administradores por insultos al presidente del Sevilla, hay un asunto que adquiere a pasos agigantados una dimensión mínimamente consolidada, y contengo su magnitud, de momento, porque intuyo que puede ser la punta de un iceberg.
La actitud de algunos periodistas para con el Sevilla obedece a un ataque continuo, sistemático, deliberado, organizado y -eso sí-descoordinado por parte de quienes graciosamente se creen con el poder y derecho de poner y quitar presidentes del Sevilla FC porque a ellos -personalmente- les caigan mejor o peor. Y es que estos individuos durante el septenio que abarca de 1995 a 2002 se acostumbraron a influir o a intentar influir en la caída y nombramiento de nuevos presidentes del club viendo desfilar ante ellos a Cuervas, Escobar, Caldas, Carrión y Alés, a cinco presidentes cuando los cinco anteriores habían ejercido durante un período de 29 años.
Y los mismo individuos creen que a partir de 2002 el coto sigue estando abierto y sin vallar, pensando que con unas sandeces, unas críticas tan vicerales como exacerbadas, unas injurias, unos insultos y unas calumnias por aquí y por allá, iban a seguir sintiéndose importantes para quitar, poner o mediatizar a presidentes del Sevilla.
Cuando en 1986 Luis Cuervas Vilches (qepd) accedió a la presidencia del Sevilla tras ganar unas elecciones, fue invitado esa noche por el entonces mediático e intocable José María García a participar en su programa nocturno. García lo saludó, hizo un comentario del Sevilla y en cuanto le cedió la palabra a Luis Cuervas, éste, a quien no le había gustado lo que había dicho García acerca del Sevilla, le espetó (siendo sus primeras palabras públicas como presidente): “Mire, Sr. García, lo que usted ha dicho es una tontería y se han acabado las faltas de respeto o los ninguneos al Sevilla FC”.
Y eso, como otras y de otros presidentes, fue una de las cosas que aprendió José María Del Nido, y que empezó a poner en práctica primero a nivel local (le queda por perfeccionar a nivel nacional) cuando llegó en 2002. Durante el primer año, tampoco había mucho de lo que hablar, pero desde que puso en marcha la radio del club y con ello a darles la lógica cancha a los medios propios, y posteriormente en junio de 2004 se logró la primera de las clasificaciones europeas después de 9 años de ausencia en las competiciones continentales, ya comenzaron los pequeños gurús del periodismo deportivo sevillano a intentar influir o a creerse más de lo que eran, simples y meros periodistas cuya función era informar sobre el Sevilla FC.
Como siguieron con sus pontificaciones y sus papafritadas del tres al cuarto unos periodistas que aconsejaban sobre cómo dirigir al Sevilla FC SAD sin saber lo que significa una sociedad mercantil o una acción de una SA, el Sevilla FC decidió, con buen criterio, pasar de las tonterías y centrarse en crecer, algo que cinco años y medio después de cierta cena en Madeira, algunos juntaletras todavía no han sabido captar en toda su extensión. Para impulsar ese cambio, esa afortunada mutación en los objetivos de expansión social, deportiva, económica e institucional del Sevilla FC, el mensaje debía de ser diferente, no podía orientarse a los asuntos locales y de menor enjundia que día a día preocupaban a una prensa deportiva menor por voluntad y capacidad propias, había de dedicar los esfuerzos a crecer procurándose sus medios y que estos transmitieran los mensajes que fomentaran la unidad sin distracciones. Eso no han terminado de aceptarlo los pontificadores, asumiendo así voluntariamente el rol de papafritas con el que tan bien han sido caracterizados, empeñados en pequeñas rencillas como se ha demostrado hoy una vez más.
Lamentablemente algunos sevillistas seguirán pensando que no existen papafritas absolutamente talibanizados para quienes lo más importante del mundo es que ellos mismos, en su ignorancia brutal, en su analfabeti(ni)smo social, económico, mercantil, legal e institucional (otorgándoles un pequeño beneficio de la duda en el deportivo dada su mera condición de aficionados con micro o pluma) siguen siendo los capacitados para quitar y poner presidentes en el Sevilla FC.
Ernesto López de Rueda



