por L. Julio del Zapatero | 29 Mayo 2010

La última vez que escribí fue para celebrar el título de la Copa del Rey. Quizás, sin quitarle valor a los éxitos de Glasgow, Mónaco o Madrid, éste ha sido de la misma intensidad, o casi, que el de Eindhoven. Puede que fuese por lo mal que lo hemos pasado durante la pasada temporada (creo que la más intensa en cuanto a contratiempos por lesiones, cese del entrenador, polémicas, etc.), o por el rival, que se encontró con la fortuna de verse en dos finales en una de las peores campañas de su historia, y con el apoyo de los medios de comunicación madrileños, que ensalzaron al At. Madrid con la misma fuerza con la que vejaron al Sevilla FC, o porque no creía que nos viéramos en otra como aquéllas tras perder en la triste cita del Luis II monegasco ante el Milan.
También aproveché para felicitar a Antonio Álvarez (y reconocer la parte alícuota de culpa en el doble éxito, clasificación para la Champions y título de Copa, de Manolo Jiménez), a la vez que para mostrar mi opinión sobre la carrera que, ya se había iniciado, hacia el banquillo sevillista para el próximo curso. Lógicamente, mi apoyo hacia el Mariscal del área, ojalá que pronto, Mariscal del banquillo, fue incuestionable.
En esta ocasión, me acerco a una de las columnas blancas que gentilmente se me ofrece para alegrarme por la continuidad de Álvarez, a la vez que para felicitar al consejo de administración del Sevilla F.C. por ofrecérsela, por unanimidad, según tengo entendido. También me gustaría romper una lanza a favor de un futbolista como David Prieto. El canterano fue la alternativa a Schillaci y a Escudé en la campaña 08/09. Incluso, por circunstancias y por su buen hacer, jugó más partidos de los esperados a tenor de los dos compañeros que le precedían. Llamó la atención de la prensa, quien no tuvo reparos en ensalzar sus virtudes, argumentando su seriedad, colocación, sentido de la anticipación, seguridad y el buen rendimiento que estaba ofreciendo. Sin embargo, de buenas a primeras, cayó en desgracia. Pasó al ostracismo más injusto por una jugada tonta y sobrevalorada, que habitualmente, incluso en el Sevilla F.C. de esta temporada se la he visto hacer a Escudé y a Dragutinovic, pero con la fortuna de no haber acabado en gol. Fue en la vuelta de las semifinales de la Copa del Rey 2009, en San Mamés. Un balón que pierde el buen central en las inmediaciones de su área por no sacarlo rápido de allí, y un nuevo gol del Athletic que sentencia una eliminatoria que ya estaba más que perdida. Pero, claro, alguien tuvo que pagar por aquella dolorosa derrota en tierras vascas, y ése fue uno que pasaba por ahí y que, encima, no tenía la fuerza de otros futbolistas. A partir de ese día, como digo, marginación al canto y las puertas abiertas para salir del club. Tuvo que irse cedido al Xerez, a una aventura cuyo final casi todos conocíamos ya, con el descenso, por desgracia, del equipo xerecista a Segunda. Pero David Prieto, a pesar de ello, incluso antes de la llegada de Gorosito, fue de los fijos en el once titular y de los más regulares.
Ahora tendrá que reincorporarse a la disciplina del Sevilla F.C., pero no sé si con opción a quedarse para el curso venidero. Creo, desde la distancia, desde mi posición de observador, que sería positivo que continuara. Ya ha mostrado sus cualidades, y cierto es, como cualquier otro jugador, también sus debilidades, pero en estas dos campañas ha dado señales de su honradez como futbolista, de su capacidad para, al menos, ser esa alternativa que fue y que le impidieron mantener. En Xerez siguió en su línea de progresión en un equipo roto durante gran parte del ejercicio, y cuando tuvo que salir de su Sevilla F.C. lo hizo con la conciencia tranquila y sin levantar la voz.
Conste que no mantengo relación alguna de afinidad con él, por los malos pensados.
L. Julio del Zapatero



