por Paco Romero | 27 Mayo 2010

Manolo Jiménez -no es una novedad- se ha equivocado mucho más en las ruedas de prensa que en el banquillo sevillista y otra vez ha vuelto a dar fe de ello, además de forma grave, al hacer unas declaraciones inesperadas a los “funcionarios” de los Informativos de la televisión municipal, Giralda TV. El ex técnico sevillista, al parecer, ha afirmado: “Unos hemos hecho el trabajo feo donde se presionaba, se exigía y llegaban las críticas a pesar de ganar, que no todo es llegar y freír un huevo, y otras personas han llegado y les ha tocado llevar, pasear y enseñar la Copa y pasar a la historia como que la han ganado. Dejé un equipo quinto a dos puntos del cuarto y metido en la Final de la Copa del Rey. Cuando llegué el equipo estaba 13º y lo pusimos 5º. Antonio Álvarez ha sabido esperar, se lo merece y le deseo lo mejor. Me satisface que mi trabajo haya servido para que otras personas sigan mi senda. El que quiera engañarse, que se engañe. Hay que ver los partidos. El Sevilla, en los diez últimos partidos de liga ha ganado el 50%, 15 puntos. Ese no es el Sevilla que puede aspirar a una liga. He conseguido un tercer puesto, un quinto puesto, una semifinal de copa y he sido tremendamente criticado. He peleado con Real Madrid y Barcelona sin tener posibilidades de hacerlo. Hemos sido terceros, los primeros de la otra liga y a pesar de eso se me ha criticado y se ha visto siempre lo malo y nunca lo bueno”.
Se equivoca de cabo a rabo. Ni es el momento, ni es el lugar, ni son las formas, ni es lo esperado de un técnico que se ha hecho grande haciendo grande al Sevilla. Yerra en el momento elegido, en medio de las celebraciones de la totalidad del sevillismo por el éxito finalmente conseguido; yerra en el lugar elegido, una emisora de televisión local, la municipal, que ha sido especialmente obscena y lacerante con él durante su etapa como técnico; yerra en las formas y en el lenguaje empleado que deja traslucir su lógica desazón y sus humanas pasiones; yerra, en fin, dándole tres cuartos al pregonero.
Antonio Álvarez -otra cosa son las formas, que en nada se han parecido a lo que pregonó con su desembarco- ha cumplido la misión encomendada: clasificar al equipo en cuarta posición y ganar la final de la Copa del Rey.
Y al igual que Manolo se renovó él solito el año pasado, al cumplir los objetivos marcados, Antonio ha hecho lo propio en esta ocasión.
Otra cosa son las sensaciones y la verdad casi absoluta que trasciende de las palabras del de Arahal: nada de lo manifestado es mentira, a excepción del porcentaje de puntos cosechados por su sucesor que ha ascendido al 60 y no al 50%; todos los datos que aporta son absolutamente ciertos, a excepción de cuando afirma haber conseguido una semifinal copera, porque lo que realmente consiguió fue una final. Bien es verdad que absolutamente nadie recuerda sus logros, que se ha corrido un tupido velo sobre una labor que, además, ha sido ninguneada por ese grupito de “profesionales” que, tiempo al tiempo, serán los mismos que despedazarán al de Marchena cuando apunten de nuevo sus rifles de mira telescópica sobre su única y pretendida pieza y se muestren, como tantas veces, incapaces de abatirla.
No es el momento, Manolo; es más, nunca debería serlo. La misión de enjuiciar tu labor corresponde a otros y, tarde o temprano, no te quepa duda, se hará el verdadero análisis, desapasionado y objetivo de tu trayectoria como técnico sevillista, pero, repito, no a tí, Manolo. Has perdido una ocasión perfecta para mantener la boca cerrada, lo que no quiere decir que casi todo lo que has dicho sea “elavangelio”, el mismo que deberías dejar que predicaran otros.
Paco Romero



