por José Enrique Vidal | 26 Mayo 2010

Desconozco el contenido del informe de Monchi sobre la recién fenecida temporada futbolística del Sevilla F.C. y, por ende, el capítulo (?) sobre los pros y contras para la renovación de Antonio Álvarez como entrenador de la primera plantilla sevillista para la temporada 2010-2011.
A este respecto, son múltiples las lecturas que pueden hacerse de tan trascendente decisión, todas ellas válidas, todas ellas posibles, ninguna de ellas segura: al míster lo han renovado sus resultados, ha acabado con la crispación de la masa social, la plantilla está con él, no hay candidatos alternativos que lo mejoren en la relación calidad/precio, se ha ganado la oportunidad de trabajar planificando a su gusto la temporada, utiliza la cantera, etc.
A cada una de esas razones puede dársele réplica, incluso entre los partidarios de la renovación, pero casi todos estaremos de acuerdo en que al menos, la decisión ahora es menos expuesta que al momento de entregarle las riendas del plantel tras el cese de Jiménez. Pese a todo, son muchos los interrogantes que cabe plantear, no menos que si hubiese sido otro el elegido, pero el tiempo dirá si ha sido correcto o no el criterio adoptado. Confiemos.
En mi opinión, sin embargo, las razones más poderosas que abogan por la continuidad de Álvarez son otras, que el exitoso final de temporada ha puesto sobre el tapete: demasiado pronto, en el mes de agosto, sin tiempo efectivo para la improvisación, el Sevilla se juega el todo por el todo de la siguiente campaña, con la eliminatoria previa de Champions y, en menor medida, con una final de la Supercopa de España ante el F.C. Barcelona.
Entregar el equipo a un nuevo entrenador, imaginemos que incluso foráneo, con apenas tres semanas de preparación para sacar el máximo rendimiento del grupo de jugadores, de forma que se consiga alcanzar la fase de grupos en la máxima competición continental y optar (no necesariamente conseguir) al triunfo en la Supercopa española, está más cerca de la utopía que de una realidad asumible.
En este sentido, igual que me pareció empresarialmente inconsecuente en su día poner a Álvarez al frente del equipo tras el fallido intento de firmar a Aragonés, dada la enorme distancia entre sus perfiles, ahora, condicionado el Club por las circunstancias deportivas expuestas, me parece lógico y coherente que siga, pues a priori se presenta como la alternativa menos arriesgada para conseguir los retos deportivos que el exigente mes de agosto plantea a nuestra entidad.
José Enrique Vidal



