por Pedro Monago | 25 Mayo 2010
Con la Copa del Rey todavía calentita, recién salida del horno de títulos que hemos tenido descansando un rato, ya está en los medios locales el asunto “planificación deportiva del Sevilla F.C.”.
Si alguien pensaba que el panorama mediático iba a cambiar mucho por haber conseguido superar los objetivos fijados a principios de la temporada 09/10, va listo. Añadamos a esto el que todavía haya competiciones por acabar y tenemos un perfecto cóctel de esquizofrenia periodística difícil de sobrellevar.
En un mismo programa, las mismas personas analizan sin solución de continuidad los éxitos deportivos de nuestro eterno vecino –conste de aquí en adelante que este término me lo acabo de inventar yo- y el “desastre” evidente de la planificación deportiva que está pergeñando Monchi y compañía.
Respecto a lo primero, oí ayer en la SER, por ejemplo, afirmaciones sobre la nula importancia que jugar bien tiene cuando solo faltan cinco partidos para conseguir el objetivo o lo irrelevante que es el hecho de tener una serie de arbitrajes amables. No puedo estar más de acuerdo.
En cuanto a lo segundo, también en la SER, entre los profesionales de la información y los sevillistas asistentes habituales a las tertulias –por cierto, con menos variedad de opiniones que las de los medios del club-, además de un tal Calado al que resulta complicado incluir en grupo alguno y del que sinceramente no sé si lo llaman por su apellido o por el mote, se emitieron opiniones en el sentido de la necesaria continuidad de Álvarez –ya está tardando el presidente en confirmarlo-, la incongruencia de la afirmación de Del Nido sobre que la planificación ya está en marcha con el hecho de no tener decidido el entrenador, el fracaso en el fichaje de Quique…
No me quiero extender mucho en los temas que se trataron, siempre con una perspectiva bastante crítica y, aunque mi opinión sea otra, no me parece mal que ellos lo vean así y así lo expongan, bendita libertad de opinión. Al revés, quiero desde este humilde post rendirles un sentido homenaje a esas personas abnegadas que por unos salarios que presumo no se verían muy afectados por la subida del tipo marginal del IRPF o, en el caso de los asistentes a las tertulias, por un minuto de gloria con cerveza y tapa, son capaces de distinguir perfectamente entre lo que debe exigírsele a un equipo grande y el tratamiento que hay que darle al eterno vecino, cuyos objetivos son muy distintos.
Tiene que ser muy difícil cambiarse el gorro –en este caso sombrero- de periodista que asiste a finales y a partidos de Champions, por el de periodista pendiente de un ascenso que no está tan claro como pudiera parecer a principio de temporada. Y lo hacen admirablemente, sin que en ningún momento den la impresión de albergar dudas sobre lo que dicen.
Algo más difícil nos resulta a los oyentes tragar la píldora de sus programas bipolares, puesto que nosotros no nos quitamos el sombrero ni para ducharnos y por eso deben perdonarnos si a veces no podemos entenderlos y los criticamos. Es, como les pasa a ellos con el Sevilla, una señal de admiración.
Admiración ante su grandeza es la que nos hace pensar que resulta patético que insistan en una información sin contrastarla por el simple hecho de que no va a pasar nada por ello –como el interés en Quique desmentido desde el Sevilla y su representante y que se traduce en fracaso negociador del club- o que es deliberado el no tener en su programa opiniones favorables a la gestión del Consejo de Administración –lo que tampoco parece una locura, a la vista de los resultados- o, por último, que el tono chistoso con el que tratan asuntos que atañen a personas concretas no tiene más gracia que el pipí, caca, culo de unos niños de primero de infantil.
Sé que ellos, a su vez, me agradecerán estas críticas que, insisto, solo intentan engrandecerlos.
Pedro Monago



