por L. Julio del Zapatero | 21 Mayo 2010

Indudablemente, pocas veces un detalle, aparentemente nimio, se convierte en algo tan relevante como para darle nombre a un título como el logrado (otro más) por el Sevilla F.C. Y es que José María del Nido pasará (si no está ya con letras de oro) a la historia del club como el presidente que rompió moldes. Efectivamente, ésta ha sido la copa del sombrero; la del sombrero del presidente sevillista más laureado; la copa del sombrero del presidente sevillista que convirtió una deuda asfixiante (recuerden, aquélla que él dijo “es calderilla”, y otros le tacharon de prepotente) en una gestión económicamente positiva; la copa del sombrero del presidente que siempre está ahí, a las duras y a las maduras, dando la cara, representando a su gente; la copa del sombrero del presidente que ha llevado al equipo (y al club), con la colaboración de otros sevillistas que también pasarán a la historia, a lugares donde los aficionados que nacimos en la década de los 60 ni imaginábamos tras pasar tantos y tantos años perdidos en la mediocridad y la desilusión de proyectos inacabados.
Sí, aunque a muchos les fastidie, ésta ha sido la copa del sombrero del presidente José María del Nido. El hombre capaz de desplazar al sevillismo a Barcelona (por razones personales no pude estar) con su arenga, su optimismo, su fuerza, su vitalidad, sus ansias de campeón, su sevillismo… El presidente que le ha dado la vuelta, como vulgarmente se dice, como un calcetín a un club de fútbol que no sabía hacia dónde ir. Le ha dado un empaque como institución, una comodidad económica, un poderío deportivo, un sello de calidad único… Por eso, me quito el sombrero ante el presidente del Sevilla F.C., José María del Nido Benavente.
Pero tampoco quisiera dejar pasar la oportunidad para, al menos, mostrar mi satisfacción por el triunfo de un hombre que demostró su categoría como futbolista (Mariscal del Área le apodaron) y que como entrenador ha sido capaz de estar a la altura de lo que se le ha demandado. Bien es cierto que su trabajo al frente de la primera plantilla del Sevilla F.C. se ha desarrollado durante un corto espacio de tiempo, y que anteriormente otro técnico de la casa, como Manolo Jiménez, había sentado unas bases, y con sus aciertos y errores, ha de tener su sitio en estos triunfos. Pero también es verdad que el equipo, por las razones que fuesen, había llegado a una vía muerta. Y Antonio Álvarez lo ha sacado de ahí y lo ha puesto a funcionar con la perfección del AVE.
Por tanto, humildemente, aunque desde mi posición pueda resultar cómodo hacerlo, pido la continuidad de Antonio Álvarez en el banquillo del Sevilla F.C., como primer entrenador. Se lo merece. Y no lo digo al calor de los éxitos logrados, sino convencido, desde siempre, de que él está capacitado para entrenador a este equipo. Siempre lo pensé, y ahora me ha demostrado que no sería descabellado darle el espaldarazo. Me gustaría verlo con una plantilla hecha por y para él, desde el principio, sin las mermas que ha tenido que sufrir y trabajando con ese cuerpo técnico que desde hace varios años está haciendo un trabajo extraordinario, y que pocas veces se ha sabido valorado. A otros de fuera se les pone los carteles de maestro, profesor, etc., y a los de la casa, a los nuestros, sólo se les mira cuando las cosas van mal.
L. Julio del Zapatero



