por FJ Carrasco | 21 Mayo 2010

35.000 mochilas portadas en 35.000 espaldas y cargadas de ilusión, esperanza en cumplir un sueño, pasión, orgullo y convicción de defender hasta la extenuación unos colores que les hacen ser como son y vivir el día a día de la forma en la que lo hacen cada uno de los portadores.
35.000 almas desplazadas a mil kilómetros de distancia de un barrio sevillano llamado Nervión, lugar donde se erige de forma sublime la Casa Grande que reúne a todas ellas cada vez que se las llama a “Arrebato” para que se dejen las manos y la voz en un acto que viene siendo ejemplo de fervor desde 1905 para llevar a lo más alto posible a un escudo que engloba a todas y cada una de ellas en un único e indivisible sentimiento.
35.000 Sevillistas en Barcelona para luchar contra todo y contra todos, para llevar al Sevilla Fútbol Club, otra vez más, a la Gloria deportiva.
En tiempos de crisis económica con casi un 20% de la población activa en situación de desempleo, un día entre semana que obligaba a perder dos días laborales a quién quería asistir al partido, sin fecha determinada para organizar el viaje hasta dos semanas antes del evento, tras el infame desagravio de la Federación Española de Fútbol de llevarse la Final de Copa del Rey del 2010 a Barcelona beneficiando claramente la asistencia de seguidores del equipo rival y tras tener que soportar día tras día el incesante intento de martilleo de la ilusión blanquirroja desde los diarios deportivos y emisoras de radio centralistas, esos 35.000 Sevillistas que acudieron a la nueva cita del Sevilla Fútbol Club con la historia tuvieron el coraje, las ganas y la fuerzas suficientes para conseguir que el Camp Nou sonara tal y como en el 2007 lo hizo el Santiago Bernabéu donde, entre los que entraron al estadio y los que viajaron sin entrada, se sumaron más de 85.000 Guardianes de Nervión para llevar en volandas a su equipo.
El resultado matemático no podía ser otro, que para eso son una ciencia exacta: el Sevilla Fútbol Club, Campeón de Copa del Rey del año 2010.
Ni los más de 10.000 seguidores de ventaja que nos llevaban los contrarios, ni el parcial arbitraje del partido de Mejuto González ni las malas artes del equipo rival ni la presencia de un seguidor Atlético confeso que tenía que entregar la Copa fueron suficientes armas para arrebatarle el sueño a un equipo que formó una comunión perfecta con el empuje de los suyos desde la grada.
Hay que ser mucho más que un simple campeón de Europa League para mirar a este Sevilla Fútbol Club a los ojos, hablarle de tú y disputarle un título.
Que el Atlético de Madrid pasara sus rondas de Copa del Rey ante el Marbella, ante el Real Club Recreativo de Huelva y el Real Club Celta de Vigo gracias a las inestimables ayudas arbitrales de ambos partidos y finalmente ante un Racing de Santander sumido en la lucha por la permanencia en Liga no es carta de presentación suficiente para disputarle una competición a quien dejó en el camino al Real Club Deportivo de La Coruña, al FC Barcelona después de que los culés llevaran dos años sin conocer la derrota en ninguna competición y a, ya acabada la Liga, todo un europeo Getafe CF en semifinales.
Porque la grandeza no se concede, ni desde un despacho con vistas al Paseo de la Castellana ni desde un estudio de radio con aroma a Ribera del Manzanares.
La “GRANDEZA” hay que ganársela sobre el terreno de juego tal y como lleva haciendo el Sevilla Fútbol Club desde hace algunos años hasta el día de hoy.
Y al que le duela, que se joda…
El Campeón de Copa del Rey 2010 ha sido el Equipo Más Grande que había en la Final.
Ya lo dijo Del Nido, que los sueños sólo nosotros sabemos hacerlos realidad…
FJ Carrasco



