por Juanma Díaz | 20 Mayo 2010

Ganamos la Copa del Rey y yo estuve allí para verlo. Pero no fui sólo. Fui con mi sobrino y con un grupo de amigos. Y nos acompañó mi padre, desde ahí arriba, desde ese tercer anillo del Pizjuán al que un día antes de jugarse esta final llegó. Y seguro que lo recibieron tantos y tantos sevillistas que por allí andan, con Antonio Puerta como presidente de honor de esa peña del cielo que tanto tenemos presente.
El maldito cáncer se lo llevó, pero él quería que yo fuera a Barcelona. Porque teníamos que traernos esa Copa. No paraba de decírmelo estos últimos días. Sin embargo, yo no pensaba ir, a pesar de tener mi viaje y mi entrada sacados, porque no podía separarme de él en sus últimos días de vida. Toda la familia y amigos hemos estado con él hasta el último momento y lo hemos despedido como se merecía, porque mi padre era un buen hombre.
Y era un gran sevillista, de los de corazón… y lo sigue siendo, porque yo creo que ese “Hasta la muerte” debe ir más allá. Estoy seguro que él sigue siendo sevillista desde ese tercer anillo que hemos creado y que hace juntarse las gradas de Nervión con el cielo.
Todavía recuerdo cuando mi abuelo materno me sentaba en sus rodillas siendo yo un niño y me decía: “Mi niño es bético como su abuelo”. Y yo le decía: “Yo soy sevillista como mi padre”. Y así ha sido. Desde pequeño me llevaba a esas gradas del Pizjuán y me inculcó ese sevillismo que tan a gala llevaba… y aquí seguimos defendiendo estos colores, esta camiseta y este escudo que tantas alegrías nos está dando.
Cuando el lunes por la noche dormía y yo estaba junto a él, su corazón sevillista dejó de latir y desde ese momento tuve claro que no podía faltar a Barcelona. Él quería que fuera y ya aquí nada más podíamos hacer. Teníamos que traernos esa Copa. Por él y por tantos sevillistas miembros de esa peña del tercer anillo.
¡Cuánto disfrutamos! ¡Cuántos sentimientos! ¡Cuántos sevillistas haciendo un viaje largo y el esfuerzo que ello supone! Pero mereció la pena. Dos grandes aficiones llenando el Nou Camp, animando cada cual a los suyos. Sigo sin entender esos cánticos insultantes que nos dedicamos ambas aficiones mutuamente de los que, por supuesto, no participo. Yo apuesto por animar a los nuestros y ellos que animen a los suyos, pero sin descalificar ni insultar al rival. Soy así, es mi talante. Tengo amigos atléticos y sé que se han alegrado por mí de la victoria del Sevilla, sobre todo, por la circunstancia personal en que me ha tocado vivirla.
Yo también apuntaba al cielo cuando Capel marcó ese primer gol… y cuando marcó Navas ese magnífico segundo tanto… y cuando la Copa ya estaba en manos sevillistas… y es que había que dedicárselo a los que nos acompañan desde ahí arriba con su abono sacado para siempre.
Y ahora tenemos que celebrarlo. Clasificados para la ronda previa de la Champions y campeones de la Copa del Rey. Podemos decir que, a pesar de todo lo ocurrido esta temporada, los objetivos se han cumplido con creces. Recibiremos al equipo como se merece y lo acompañaremos en su recorrido triunfal y recordad que no sólo estamos los de aquí abajo, que por allí arriba también están saltando de alegría todos esos sevillistas como mi padre a los que les hemos dado un alegrón.
Gracias, papá, por transmitirme tu sevillismo y agita fuerte desde ahí arriba esa bandera rojiblanca para celebrar que hemos ganado la Copa… y esto no termina aquí. Tendrás que ver más triunfos sevillistas. Te quiero.
Juanma Díaz



