por Pedro González | 17 Mayo 2010
Pasado el Sábado y terminada la Liga, con el premio mayor de la clasificación para Champións, aturdido y conmocionado por lo que pareció imposible de conseguir, con el corazón a dos mil por hora y la enorme y maravillosa satisfacción del gol de Rodri muriendo el partido, quiero dirigirme a ti sevillista, para intentar hacerte comprender que la Final de la Copa no es lo mismo sin ti.
Ya sé que esta temporada los sevillistas hemos sufrido de lo lindo. Que hemos pasado el Rubicón de la Liga a duras penas, que han sido muchos los motivos de nuestros pesares deportivos, que la temporada la hemos salvado “in extremis” después de tantas penurias, de tantas lesiones, de tantos y tantos inconvenientes.
Pero… la hemos salvado, y creo que el Sevilla, pase lo que pase en esta Final de Copa, ha hecho los deberes. Con un notable que puede convertirse en sobresaliente si le ponemos la guinda al pastel.
Pero para ponerle la guinda al pastel, nuestro equipo necesita de nuestra ayuda. Y según dice el Presidente vamos a ser algo más de 32.000 sevillistas en el Camp Nou.
Y el Consejo, que ha hecho un esfuerzo económico descomunal para facilitarnos el viaje, y el Presidente, nos piden comprensión ante los posibles defectos y errores que puedan cometerse ante la ingente tarea que supone un desplazamiento de este tipo y en las condiciones en la que se ha tenido que producir. Y pide nuestra colaboración y nuestro apoyo.
Con lo antedicho por delante, y con lo que tenemos a pocas horas de producirse, una Final de Copa, un Trofeo más que engrandecer a nuestro Club, hace que demos lo pasado por pasado, porque ya habrá tiempo, mas adelante, de dialogar y cerrar las heridas, leves siempre entre sevillistas, y fáciles de perdonar y olvidar.
Ahora es tiempo de aunar esfuerzos, de dar ejemplo de comportamiento –el mismo que esta afición centenaria ha demostrado por España y Europa–, allá donde ha ido. Ahora es tiempo de colaborar con nuestro Club, de poner todos nuestros esfuerzos para que esto salga bien, que pongamos nuestra comprensión y nuestro brío para que todo marche sobre ruedas y salga adelante sin el más mínimo problema y dejemos sin mácula a nuestra entidad.
Y antes, durante y después del partido, los sevillistas a lo nuestro. A que se escuche la voz de una afición señera, que hagamos resonar el Nou Camp con nuestros cánticos, que se enarbolen las banderas y bufandas, que se vea, que se palpe en el ambiente que 32000 almas sevillistas, convertidas en una sola, están presentes y representando a muchos que se han quedado con la tristeza de no poder defender a nuestros colores. 32000 sevillistas en defensa y ánimo de su Sevilla F.C.
Por eso, esto no es lo mismo sin ti. Y aunque yo sé que no hay que pedirte nada porque los sevillistas hemos demostrado siempre, en toda clase de momentos, en las duras y en las maduras, de lo que somos capaces; porque sé que eres consciente de lo que nos estamos jugando, porque se que tú sabes que todos juntos somos imparables, que podemos cambiar con nuestro aliento, la debilidad por fortaleza, que podemos revertir situaciones adversas en favorables, que somos el jugador número doce y que nadie, ningún Club, puede vanagloriarse de tener una afición como la nuestra.
El miércoles, en Barcelona, España volverá a enterarse de quién es el genuino jugador número doce. Volverán a sorprenderse de cuán grande es la afición del mejor club del Sur de España porque vamos a volver a demostrar cuán grande es el amor que sentimos por nuestro Sevilla F.C., animándoles sin desfallecer, sintiéndonos partícipes de su éxito o de su fracaso.
No podemos defraudarnos. No podemos defraudarles.
Un abrazo para todos y allí nos vemos.
Pedro González



