por Pedro González | 10 Mayo 2010

Eso es lo menos que nos debe el Consejo de Administración a los sevillistas que acudimos ayer a sacar la entrada para la Final de Copa en Barcelona.
Una explicación convincente de el por qué se ha obrado de esta guisa en este reparto de entradas y el por qué se ha acometido, sin la más mínima organización, la venta de las entradas, de esta chapucera y torticera forma.
Los que allí comparecimos y tuvimos que formar cola, lo hicimos soportanso una desorganización absoluta, nefasta y paupérrima, brillante por su total ausencia, y tan semejante a las que sufríamos hace lustros, que nos hizo recordar a los allí presentes, aquellos malos momentos de nuestra reciente historia, en la que a la afición del Sevilla sólo le asistía el derecho de pagar y aplaudir. De repente, metidos en el túnel del tiempo volvíamos a no ser más que unos descamisados sin derechos. Petimetres a la intemperie, dejados de la mano de Dios.
Volvíamos, desgraciadamente, de un plumazo, a las cavernas de la prehistoria sevillista, volvíamos a sentirnos solos y desprotegidos. Volvíamos a las colas de la barbarie y el desatino.
Degradados, por momentos, a club de categoría regional, la cola formada y que estaba siendo respetada por todos, se convirtió en un ente desquiciado y amenazante, alentada por la sobrevenida marea humana de aficionados que, sin ton ni son, y en chorreo continuo, se agregaron a ella. Y lo hicieron por donde mejor les convino, no respetando las más básicas normas de comportamiento ciudadano, aumentado la propia tensión del momento y dejando los altercados mas que servidos.
La masa comenzó a hacerse sitio, apretujones, empujones, conatos de agresiones — entre los propios sevillistas–insultos y voces increpando al Presidente– Del Nido ponte en la cola– y pidiendo la dimisión de Malolo Vizcaíno, –Vizcaíno dimisión–.¡¡Qué vergüenza y que impotencia tan grande!!,
Y para mas inri, con las cámaras de televisión de toda España dando cuenta de este ingnominioso atropello a la afición que deja a la sociedad sevillista, en su conjunto, a la altura de una mierda, y no pido perdón por este exabrupto escrito ya que eso es lo que sentí y siento todavía ahora quince horas después de este lamentabilísimo incidente, provocado ¿por la desidia?, ¿por la falta de preparación? ¿Por la dejadez de funciones de qué miembros del alto establisment de la entidad? ¿de la ineptitud de alguién o de la totalidad del Consejo y de su Presidente?
¿Cómo nombrar si no a este desprecio tan absoluto a la afición sevillista?. ¿Qué calificativo darle a tan ignominioso trato?
Ni un sólo guarda de seguridad en las taquillas. Ni un sólo trabajador u operario, voluntario, mando intermedio, responsable o miembro del Consejo que pusiera en orden en tamaño desastre.
Nadie, en fin, que hubiera puesto cordura y organización ante la más que previsible afluencia de aficionados a sacar la entrada para acompañar, una vez más, como siempre, al equipo de sus amores, al que nunca ha dejado de lado cuando se ha suscitado este tipo de eventos.
Los estoicos que aguantaron la cola hasta llegar a la taquilla y pudieron obtener, al fin, las entradas, salían de la cola, exhaustos, sudorosos, lamentando y alegrándose a la vez, de haber salido vivos e indemnes de aquel sitio.
Esto es de una irresponsabilidad enorme. Y considero que no hubo altercados mas serios y consecuencias más graves, porque, a pesar de los alterados de siempre, la mayoría actuó como sosten y salvaguarda de lo que hubiera podido derivar un escándalo público de gruesas dimensiones. Aún a riesgo de enfrentamientos. Asumiendo y soportando una responsabilidad, a todas luces, propia de los gestores de la sociedad.
Todo esto socava el enorme mérito y prestigio que ha atesorado este Consejo con su eficiente labor en otras parcelas de actuación en la Sociedad, y pone la pies de los caballos la trayectoria profesional de personas más que cualificadas,que en estos momentos, desconocemos si han tenido algo, poco o mucho que ver en este asunto tan penoso y humillante para la fiel infantería blanca.
Por eso pido explicaciones. Explicación de por qúé no se ha actuado con la misma diligencia y organización de las últimas ocasiones. ¿Por qué no organizar la retirada por numero de socio?. ¿O la retirada por días? Por qué no se han delimitado los accesos y se ha puesto miembros de seguridad y control para que el aficionado no se confunda con la masa y se respete el derecho de las personas. ¿Por qué se da un horario y no existe explicación del por qué luego, de repente, se cambia?.
Rogaría una explicación convincente, donde salga a la luz quién ha tenido la culpa de este desaguisado. Quién sea responsable que asuma las consecuencias. Y que el que tenga que aplicar las sanciones derivadas de esta dejadez de funciones laborales o directivas, que las aplique.
Y por favor, ruego encarecidamente a quién corresponda, que si alguna otra vez nuestro equipo vuelve a tener la oportunidad histórica de jugar otra final, que a los aficionados sevillistas nos den el trato que se merece un club de la solera y el prestigio que tiene nuestro Sevilla F.C. y no se cometan errores de bultos –de cordillera de montaña tibetana–, menoscabando aquello que tanto y tanto pregonamos y que luego se dilapida por la inacción de algun/nos quién/es tiene/n el deber y la responsabilidad de que evitar que no ocurran ya más este tipo de cosas.
Pedro González



