por Paco Romero | 8 Mayo 2010
Dando una vez más muestra de un absoluto sectarismo, la plebe periodística deportiva sevillana, con honrosas excepciones, que las hay, continúa retozándose, desde su alechugado odio eterno o desde su cainismo más abyecto, en su intento de zaherir y subyugar el sentimiento sevillista desde la más absoluta impunidad.
Sin ir más lejos, ahora que ya tenemos fijados día, hora y lugar de celebración de la Final de Copa de S.M. El Rey –otra, “lociento”- conviene recordar que se ha pasado absolutamente de rodillas sobre la noticia que tuvo lugar en Valladolid el pasado 13 de abril, cuando la Federación Española de Fútbol, en la decisión más injusta y caprichosa del fútbol profesional, tras el 2 de agosto de 1995 –agravio, Oliva, esto es un agravio, no un desagravio-, acordó la designación del Camp Nou como sede del acontecimiento. Resulta que se ha pasado absolutamente de puntillas sobre el “error” que en aquella reunión cometió el representante del equipo menor de la ciudad, precisamente su presidente, cuando votó por el estadio barcelonista como sede de la finalísima. Y es que, claro, dicen estos mercachifles que la noticia no tiene mayor recorrido porque el errado “rectificó” al votar finalmente por Valencia (la sede preferida por el Grande de Andalucía). Lo que nadie dice es que ese remiendo vino después de evidenciarse que la sede catalana ya estaba garantizada por 19 votos contra 13 y que, por tanto, su postrera decisión no afectaría a la cacicada ya consumada.
Ellos son así… ellos siempre han sido así; baste recordar la repetición de la eliminatoria de la misma competición que nuestro club hubo de disputar en campo neutral (Vicente Calderón) tras un “chivatazo” al Español -¡qué casualidad!- del mismo personaje.
Remata la faena el furibundo Daniel Pinilla cuando, sin sonrojarse, más bien enverdeciéndose, titula en el diario más mugrientamente madridista que “al dueño del Sevilla… le importa un pepino quien gane la liga” ¡Anda ya, Dani, resentido, envidiosillo… no exageres que dueño no hay más que uno (tu amo y tu señor, tu guía, tu caudillo, tu beatífico prócer) y a ti te encontré en la calle…
Paco Romero



