por Fátima Zulategui | 26 Abril 2010
Sólo quería contarte un secreto. Uno íntimo, como todos los secretos, pero ruidoso, tanto, que hoy no puedo irme a dormir sin confesártelo. Me has hecho daño. No me ha gustado cómo has hecho las cosas, sobre todo hoy, más que nunca hoy. Me dejé llevar por ti, es cierto, y quizás te di demasiada responsabilidad incluso antes de saber dónde estaban tus límites. Pero no pude evitarlo, era cuestión de todo o nada, y aun sabiendo que uno podría convertirse en el asesino, y el otro, en el que va a morir, preferí que tú me mataras; antes de coger yo, mi propia espada. Como compañero recorrimos mil caminos mientras a veces se me escapaba: “ya no puedo irme con otro, te he desnudado demasiadas veces”. Tuvimos días de gloria, montañas rusas, excesos, malditos gurús, noches en vela, bailes nupciales, brindis, orgullos que se salían de la camisa. Tuvimos rascacielos llenos de ascensores que no hacían sino subir y subir sin mirar hacia abajo, sin perder el equilibrio, sin ser conscientes de que siempre hay un último piso. Y bajamos dos peldaños dándonos cuenta de lo alto que habíamos escalado, despacito, con filosofía, sin miedo al paso de los años. Es importante dejar la puerta entreabierta, para seguir discerniendo si es de noche o es de día, para no perder el rumbo, por mucho que digan ellos, ambos sabemos que este sueño sigue vivo aquí adentro.
Nada es constante, excepto el cambio. Y yo, yo estoy dispuesto a cambiar contigo; pero es importante que recuerdes que esto es cosa de dos, que estamos juntos porque nos deseamos, porque seguimos siendo libres. Si pasamos ese centímetro, si sobrepasamos la distancia adecuada y te olvidas de mí cuando comienzan las plegarias, estaremos perdidos y ya no habrá motivo de batalla. Quiero luchar contigo, déjame caer contigo. Déjame creer que lo hemos intentado todo, que hemos muerto a nuestra manera. No me importará, te seguiré queriendo igual, seguiré cantando ese himno con el mismo orgullo del primer día, y mi camiseta, más blanca que nunca, recorrerá lo que sea necesario para estar a tu lado.
Sólo si tú quieres, sólo si tú me dejas.
Fátima Zulategui



