por Paco Romero | 10 Abril 2010
En un mundo como el actual -donde, contrariamente a lo anhelado, la telebasura inunda nuestros hogares; donde una sociedad absolutamente narcotizada contempla impertérrita la corrupción y el desafuero de sus dirigentes; donde los juicios paralelos acaudillados por los más ignaros se han convertido en el pan nuestro de cada día; donde cualquier iletrado, en horarios de máxima audiencia, escupe colosales infamias, retozándose en el lodo de sus propias inmundicias; donde medios escritos y audiovisuales consienten y alientan oprobios y calumnias desde el más absoluto anonimato, proclamando la presunción de inocencia para, a renglón seguido, regodearse en la más arbitraria mendacidad- es necesario valorar en su justa medida la política de comunicación de nuestro club, tan vilipendiada desde los “medios independientes”.
Y es de agradecer el ejemplar comportamiento –no podía ser de otra manera, por otra parte- de la totalidad de componentes de la institución Sevilla Fútbol Club y muy especialmente de los profesionales de sus medios oficiales.
Es cierto, se me dirá, que sobra el halago a quiénes se limitan a cumplir con su cometido, pero en este mundo –insisto- donde todo se relativiza, la evidencia de integridad y de honestidad exhibidas, al obviar absolutamente los asuntos particulares y profesionales que afectan al presidente, revelan muy a las claras el savoir-faire y la nobleza del propio dirigente y la profesionalidad de los comunicadores del club. Nada que ver con las páginas oficiales y los medios propios de otras sociedades deportivas, unas en lontananza, otras más próximas, que aprovechan su innegable poder de convocatoria para convertirse en fachosos adalides defensores de causas imposibles que sólo a personas privadas afectan y, más aún, cuando, como ocurre en similares asuntos, la agraviada resulta ser la propia institución que dichos dirigentes prostituyen.
Dejemos trabajar a la Justicia, confiemos en ella, lo que no resulta fácil y aguardemos sus veredictos. Será el momento entonces de valoraciones más o menos acertadas pero, sin duda, más fundamentadas. La ignorancia, cada vez más extendida, sigue siendo así de atrevida y bien que lo sabe explotar el amarillismo infame.
Paco Romero



