Sensación de vacío en la enfermería

por Raúl Venegas | 6 Abril 2010

Antonio Álvarez ha permanecido varios meses en anonimato. Acostumbrado a aparecer por el banquillo sevillista aunque fuese en segunda fila, sabe muy bien e incluso mejor que nadie en el club hoy en día, como respira esta plantilla o al menos gran parte de ella. Su trabajo pasó a ser mucho más reposado, lleno de vídeos y de viajes para realizar informes de futbolistas. Permanecía un día tras otro en un pequeño despacho la tercera planta del Sánchez Pizjuán, pero en estos días me ha quedado claro que no perdía atención de lo que pasaba varias plantas más abajo.

Desde su primera rueda de prensa supo lo que tenía que cambiar para convertirse en el entrenador que terminase con la división de la grada, con los malos rollos con la prensa y sobre todo, con la imagen que estaba desprendiendo el equipo hacia el exterior. Claro está que con ello no busca más que la estabilidad del grupo y un caldo de cultivo adecuado para lograr los objetivos, pues sabe que su futuro como primer entrenador sevillista no se alargará demasiado en el tiempo. Y curiosamente, para congraciarse con todo el mundo nada más llegar lo ha tenido más que fácil. Lo único que ha tenido que hacer ha sido coger el camino contrario del que llevaba su antecesor en el cargo en determinados aspectos.

En su comparecencia de presentación inició la senda, hablando de un equipo que tiene que jugar bien al fútbol con la plantilla que hay, y dejando hacer a cada uno lo que sabe, porque siendo así sí que tenemos un equipo temible. Además, desde ese mismo momento la palabra “excusa” quedó desterrada del micrófono de la sala de prensa.

Esa es de las cosas que más me están sorprendiendo con el cambio de entrenador. Y es que afrontamos el partido de Tenerife con el mismo número de bajas que en Villarreal si exceptuamos a Acosta que ni saltó al césped. Volvimos a necesitar la entrada de cuatro canteranos para cerrar la convocatoria. Pero en sala de prensa nadie se acordó de las bajas, o mejor dicho, nadie achacó nada a las bajas. Es lógico que no haya nada que achacar con un tres a cero a favor, pero es que con un tres a cero en contra ocurrió lo mismo.

Álvarez tiene claro que es mucho más productivo durante la semana motivar a los disponibles que el lamentarse por los que no están. Los primeros, que son los que decidirán el partido, se sentirán más importantes de cara al grupo y saldrán más motivados, mientras que los segundos verán el partido desde la grada de una forma o de otra. Incluso, lo que hubiese sido una espectacular tragedia hace sólo unas semanas, hoy se convierte en un problema menor y cuya solución no tiene porqué ser un quebradero de cabeza para nadie. A día de hoy no tenemos lateral derecho, pero el entrenador se limitó a decir tras ganarle al Tenerife que no hay problema porque saldremos con once de todas formas. Y es que. ¿quién diría que hoy tenemos más lesionados que el día del Xerez?

A veces el camino más simple para llegar a los sitios es también el más rápido y el que menos trabas contiene, por lo que me alegro de que Antonio Álvarez hay aterrizado en el banquillo.

Raúl Venegas

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