por Raúl Venegas | 27 Marzo 2010
La clave de este Sevilla Fútbol Club del siglo XXI es que el proyecto de equipo grande no puede en ningún caso ser solapado por el éxito de ninguna de sus piezas. Que el fútbol sea un deporte colectivo no significa que todos los jugadores tengan que tocar el balón antes de introducirlo en la portería, sino que todos, los que salen al campo y los que no, deben trabajar por el éxito de un escudo sin entrar en calificaciones individuales.
Por ese mismo motivo fue destituido hace unos días Manolo Jiménez y por eso acaba de nombrarse a Antonio Álvarez como técnico de la primera plantilla hasta final de temporada. Antonio Álvarez será un eslabón en la cadena, una pieza clave para que el Sevilla exitoso de esta temporada y el Sevilla exitoso de la temporada próxima sean ensamblados milimétricamente sin margen de error alguno. Lo más importante es que el propio Álvarez tiene claro que ese y no otro será su papel. Y eso, además de su lógico y más que aprovechable conocimiento de los pesos pesados de la plantilla, es lo que le convierte en el técnico idóneo para lo que queda de temporada.
Habrá quienes piensen, no faltos de lógica, que lo ideal en estos momentos sería contratar a un entrenador de peso que nos sacara las castañas del fuego con totales garantías y no un hombre de la casa que no tiene experiencia alguna como primer responsable técnico. El problema radica en el perfil común de todos los técnicos de presumibles garantías, y es que dado su caché no serían muchos los dispuestos a quitarse el lucido disfraz de embellecedor y ponerse el casi imperceptible traje de eslabón que desaparecerá en unos meses.
Hace bien el club en tener las ideas claras en ese sentido. En primer lugar, reaccionando a tiempo ante un problema que a todas luces se habría hecho incorregible con el paso de no pocas semanas. Luego, intentando ganar para la causa a un técnico de peso y con carácter, y por último no cayendo en la desesperación por encontrar un currículum con patas y anteponiendo lo que vendrá, hará su trabajo y se marchará, a lo que podría venir y querer quedarse a la fuerza hipotecando un nuevo y ambicioso proyecto deportivo.
Eso sí, una cosa es tener claro el papel de eslabón de Antonio Álvarez y otra muy distinta convertirlo en solución definitiva al calor de los resultados. Eso ya sería signo de no aprender de los errores del pasado, circunstancia no muy común allá por Nervión.
Raúl Venegas



