por L. Julio del Zapatero | 26 Marzo 2010
Escribo casi a primerísima hora de la mañana de hoy viernes. Desconozco qué ocurrirá en las próximas en cuanto al futuro propietario del banquillo del Sevilla FC. Pero, por ahora, lo que hay es que Antonio Álvarez suena para sentarse, como mínimo, en el de El Madrigal de Villarreal. Y no es que me alegre de que Luis Aragonés haya dicho no a la oferta planteada desde el club y haya alargado la interinidad de la dirección técnica de la primera plantilla (por cierto, me había ilusionado mucho el regreso del madrileño porque siempre le he tenido en alta estima como entrenador). La situación no está boyante como para permitirnos el lujo de enfrentarnos nada menos que al Villarreal CF en su propio estadio con las dudas que existen ahora. Pero es que no puedo reprimir mi satisfacción por saber que Antonio Álvarez ha vuelto a ser recuperado para lo que verdaderamente vale, para estar a pie de campo, pisando césped, cerca del balón, impartiendo sus muchos conocimientos futbolísticos a los jugadores profesionales del Sevilla FC. Y es que siempre he tenido mucha esperanza en él, por su larga trayectoria como segundo de muchos entrenadores nervionenses (Camacho, Bilardo, Juande, Jiménez…), por la manera de ver el fútbol que siempre ha tenido (¡qué defensa!, ¡cuánta calidad en ese Mariscal del Área!), por haber sido la mano derecha del técnico manchego en los mejores años de la historia del club, jugando además un fútbol primoroso (aunque con algunos tropiezos en su haber, todo hay que decirlo).
Para mí, cuando Juande se marchó de manera tan inoportuna, él y Manolo Jiménez (aunque ahora muchos puedan renegar de ello) eran mis grandes candidatos para hacerse con el mando de la plantilla. Fue elegido el segundo, y me consta que el primero se llevó un palo gordo. Puede que en Villarreal vuelva a su sitio. No sé tampoco si sería de manera efímera o con visos de continuidad. Si así fuese, la alegría sería mayor que la que tengo ahora. Y si en tierras levantinas fuésemos capaces de ganar con él, ya se pueden imaginar los lectores cómo sería mi grado de satisfacción.
Lo que hay que tener es paciencia con los nuestros, y dar ese margen de error que se les concede a los que llegan de fuera y que a Jiménez no se le dio ni cuando el equipo estuvo al nivel deseado. Cuando el Sevilla FC ganó los títulos con Juande me alegré exclusivamente por mi equipo. Cuando ha ganado o ha perdido con Jiménez, mi felicidad y mi pena fueron dobles. Por un lado, por mi equipo, por otro porque sabía que se beneficiaba de lo bueno o se perjudicaba con lo malo un sevillista como él.
Recuerdo que a Manolo Cardo le pasó algo casi similar que al de Arahal. Y digo casi, porque desde el primer día el coriano (sí coriano, no muniqués, ni romano, ni lisboeta) entró en la senda de los triunfos con aquel espectacular debut de Francisco (otro de los nuestros) y el partidazo histórico de un genio llamado Pintinho en Zaragoza (1-4), y las posibles críticas no se produjeron. Pero incluso así, jamás se le ha dado en la historia del Sevilla FC el valor que tuvo al hacer del Sevilla FC el equipo que mejor fútbol practicó entonces en España, que lo metió dos años consecutivos en la Copa de la UEFA, en una época en la que no había dinero para fichajes, y teniendo que tirar de gente de la cantera (el mismo Álvarez, Sanjosé, Nimo, Rivas, Curro, Martín, Benítez, Jiménez, Ramón, Ruda, José Luis, Grande, Gervasio, Alfaro, Yiyi, Francisco…). En fin, que todo sea por el Sevilla FC y porque no volvamos a los años en los que nadamos en la mediocridad.
L. Julio del Zapatero



