por Francisco Borrego | 9 Marzo 2010

Afrancesado se les llamaba peyorativamente en España a los seguidores de lo francés en tiempos de la revolución allá por el siglo XVIII. No deja de ser curioso que nosotros podemos encontrar nuestro símil en la cantera sevillista. Buenos jugadores que olvidaron sus orígenes, olvidaron todo lo que les enseñó el SEVILLA, F.C. allá en los campos de la carretera de Utrera y que cuando salieron del primer equipo, por cuestiones diversas, se convirtieron en sus máximos detractores.
Algunos de los que tenemos en mente y que acuño como los afrancesados sevillistas son personas un tanto resentidas y que a lo largo de su carrera deportiva fueron los más despiadados enemigos de la causa del equipo de Nervión. Por poner ejemplos, recordemos los José Mari, Salva Ballesta y el niñito figura, amadrileñado tenaz, Sergio Ramos.
Estoy convencido de que este último, principalmente por desavenencias con nuestro Presidente, no duda en recordárselo cuando le marca un gol a la ENTIDAD que le enseñó todo lo que es. Lo pudimos comprobar cuando hizo el empate a dos en el partido del Santiago Bernabeu, dirigiéndose al palco y llevándose las manos a la parte superior de su cabeza moviéndola insistentemente, en clara alusión a los pocos pelos que secundan la de nuestro máximo mandatario. No es la primera vez que realiza dicho gesto, cuando ha jugado con nosotros y es triste que individuos a los que le ha dado todo lo que son el SEVILLA FC, que los has visto progresar, se comporten como verdaderos rufianes que han olvidado su pasado.
Como dice la frase “De bien nacido es ser agradecido” y este muchachito que ahora lo posee todo, los destellos capitalinos le han obnubilado la mente y se cree un semidios a quien no le va a llegar su hora. Torres más altas han caído y convendría que supiera que la humildad y el agradecimiento son cualidades muy a tener en cuenta en esta vida y que se olvidan fácilmente cuando se está en la cúspide, pero que cuando las aguas vuelven a su cauce y todo retorna a su justo término ayudan a ser más llevadero el momento.
Francisco Borrego



