por Spencer | 9 Marzo 2010
Y no con la pelota, como en la canción de Serrat, sino por lo pelota que eres ahora, Rafa Guerrero, ya felizmente retirado para beneficio del fútbol, con tus comentarios en el tebeo que quiere marcar el paso del balompié en España, o en las ondas de Radio Nacional, donde causas el único ruido en la emisión de un buen programa como es “Tablero deportivo”.
Tan pelota eres ahora como infame fuiste como juez de línea, linier o árbitro asistente, que da lo mismo, en aquella época en la que ansiabas la fama tanto como casi toda la Nación ansía actualmente que Zapatero se vaya de una vez antes de que nos arruine aún más. No, no era bueno entonces (ni ahora) que, tras un partido, de un linier se hablase más que de los jugadores o del propio árbitro, ni tampoco es bueno ahora que manipules la realidad.
Leo en el tebeo que marca todo de madridismo tu comentario sobre el árbitro del partido Real Madrid-Sevilla: “No le tembló la mano a Iturralde a la hora de sacar tarjetas y ya en estos primeros compases amonestó a Drago y Garay para que no se le fuera el partido de las manos…” Ole.
¿Qué pasó antes con Arbeloa? Este hizo lo mismo por lo que tu admirado Iturralde, cuyo arbitraje del sábado calificas de “quilates”, mostró la tarjeta admonitoria a Dragutinovic. Con esa cartulina que debió ser, pero no fue, más la que sí vio luego el blanco Arbeloa… Pues, roja y a la caseta. Pero el Bernabéu, amigo, es el Bernabéu.
Y con un ejemplo basta para no perder más el tiempo, ni criar mala sangre.
Como bien ha subrayado Francisco José Ortega en el “Diario de Sevilla”, “no hace hace falta que [Iturralde] pite un penalti o expulse a un sevillista para prevaricar”. No se puede decir más en menos.
Ya el domingo tuve la desdicha de oírte un momento en la radio. Faltaban pocos minutos para que empezara el partido entre el Athletic de Bilbao y el Valladolid, donde confesaste abiertamente tus simpatías por el equipo de San Mamés, lo que es muy lícito. Así, diez años después he podido explicarme con prueba fehaciente por qué a finales de marzo de 2000, en un encuentro entre el Athletic y el Sevilla con empate a uno en el marcador, forzaste al árbitro Rodríguez Santiago a anular en el minuto 90 un gol por un fuera de juego que sólo tú viste, tras impecable jugada entre Quevedo y Juan Carlos.
Un gol que habría supuesto la victoria, los tres puntos y una ayuda moral para un Sevilla hundido al que los árbitros quitaron muchos puntos en esa temporada y acabó en Segunda.
Hace un decenio intuía que propusiste a Rodríguez Santiago anular ese gol por lo infame que eras y por tu enfermizo afán de protagonismo. Ahora, también, ya sé que lo hiciste porque no soportabas ver perder a tu Athletic Club.
Así que, Rafa, hijo, no nos sigas jodiendo más y piérdete ya por ahí de una vez para que el fútbol español gane.
Spencer



