por Paco Romero | 2 Marzo 2010
Estamos disputando los octavos de final de la Liga de Campeones. Tenemos la oportunidad histórica de estar por segunda vez en nuestra historia en los cuartos de final de la más grande competición futbolística a nivel mundial. Tras casi dos meses, los recientes, repletos de eliminatorias coperas que nos han aupado a la final, retomamos el fútbol de altísima competición el próximo 16 de marzo, recibiendo al CSKA de Moscú para hacer bueno el empate cosechado en tierras rusas. Sorprendentemente, hoy todavía demasiada gente se interroga: “¿asistiré, o no, en un par de semanas al partido de vuelta en la Bombonera?”.
El valor del sentimiento, del amor y del cariño a unos colores, el blanco y el rojo, nos estimulan a visitar las taquillas de nuestra “Fábrica de Sueños”, o a activar el abono de la temporada a través de los medios telemáticos que nos ofrece nuestro club, para estar presentes en otro acontecimiento histórico para los sevillistas ¡Cuántos en tan poco tiempo!
De otro lado son diversos los factores que, en sentido contrario, invitan a la claudicación: la tremenda cuesta de enero, prolongada a febrero y hasta no sabemos donde, más empinada que nunca por culpa de una crisis económica galopante que mantiene a España y, particularmente, a Andalucía y a Sevilla en el furgón de cola de las economías desarrolladas; los numerosos “mileuristas” que malviven en nuestra región, las abultadas listas de desempleados que se archivan (nunca mejor dicho) en las oficinas del INEM; las exiguas pensiones que perciben gran parte de nuestros mayores; las ya citadas y recientes visitas a las taquillas con motivo de la Copa; la presencia de las cámaras de televisión facilitando gratis el espectáculo en el salón de casa y, sobretodo, el precio fijado para el evento.
La eterna cuestión otra vez se hace presente: ¿es preferible un estadio con las gradas a medio cubrir o un coliseo lleno a tope donde la recaudación sea prácticamente la misma, si no superior?
¿Ha tenido en cuenta el consejo de administración todas estas irrefutables variables que, necesariamente, inciden en la decisión?, ¿ha valorado, además, la muy negativa repercusión que sobre la imagen de nuestro club proyectan unas gradas no repletas en un acontecimiento como el que viviremos? Seguro que sí, y así me consta, pero ¿se ha acertado?
Estamos haciendo un Sevilla grande, enorme, como nunca lo había sido y para ello continúa siendo necesaria la comunión y el inquebrantable sacrificio de todos: los dirigentes, en pos de unas metas nunca soñadas, haciendo gala de una ambición desmedida y bienvenida; los profesionales defendiendo con casta, coraje y honor nuestra camiseta en todas y cada una de las competiciones en las que estamos inmersos y la afición sevillista -la inmensa mayoría domiciliada en esta provincia a la cabeza del desempleo europeo- arropando a los nuestros y haciendo un sacrificio económico muy por encima de sus posibilidades.
Llegado el 16 de marzo, a las nueve menos cuarto, el tiempo, ese juez insobornable, dará y quitará razones. Todo lo que sea superar los tres cuartos del aforo dará la razón a nuestros dirigentes que, de esta forma, demostrarán conocer la situación anímica y económica de su clientela, los fieles de Nervión; por el contrario, no alcanzar una cifra parecida se la hurtará. Y es que en la mayoría de las ocasiones se acierta en el valor, que indudablemente lo tiene, pero no así en el precio; sólo el libre mercado acaba restableciendo el equilibrio.
En casa -me pregunto si imprudentemente- se ha respondido con un sí a la pregunta con la que finaliza el primer párrafo. Sin embargo, la sempiterna discusión merece una serena reflexión como la que ya se hizo nuestro paisano Antonio Machado cuando sentenció: “Es de necios confundir valor y precio”.
Paco Romero



