por Pedro Monago | 19 Febrero 2010
Escuchaba ayer el programa deportivo del mediodía de la SER y me di cuenta de que en el famoso debate hay dos aspectos muy diferentes, aunque unidos, que resultan relevantes.
Uno es, por supuesto, el fondo del asunto: Jiménez sí, Jiménez no.
Para los periodistas de la SER la respuesta es Jiménez no, pero planteándolo como algo ajeno, que sale de la afición de forma, según ellos, mayoritaria y hasta del club, si bien esto último lo fundamentan usando ese recurso periodístico ahora de moda y que resulta tan repugnante de hablar por boca de otro sin decir quién es ese otro, de forma que no se pueda comprobar. Ellos, que son muy objetivos, se limitan a transmitir la opinión “mayoritaria”.
Eso sí, mientras acusan al club, así, en general, de tildar de menos sevillistas a los críticos –sinceramente no he oído ni leído nada desde el Sevilla en ese sentido- dejan caer que aquellos que defendemos el trabajo de Jiménez somos unos paniaguados que seguimos el pensamiento único del presidente. No parece legítimo, por lo que se ve, defender el trabajo de nuestro técnico, hasta el punto de que si al final de la temporada hay una mayoría que lo hace, será porque se han cambiado de bando al calor de los resultados, que, como todo el mundo sabe, no tienen importancia ninguna en esto del fútbol.
Su cínico planteamiento está basado en una capacidad infinita para defender –o atacar- una cosa y su contraria sin ningún tipo de rubor, además de su absurda idea de que son ellos quienes tienen el don supremo de llevar a cabo la exégesis correcta de todo lo que tenga que ver con el fútbol en esta ciudad.
Que el presidente y el entrenador dicen que hay que esperar hasta el final de temporada para hablar de renovación, uff, que mal rollito hay ahí. Que firman mañana esa renovación, vaya error más grande, teniendo en cuenta el ambiente contrario a Jiménez que se respira en la afición.
Si nuestro presidente defiende a su entrenador –una cosa que resulta rarísima, por lo que parece-, palo, porque es indefendible y además con ello está menospreciando al sector crítico de la afición. No sé si pretenden que el presidente haga declaraciones criticando a nuestro entrenador o, sencillamente, que no hable del tema aunque ellos mismos le pregunten de manera continúa. Uy, uy, uy, si no hace declaraciones es que tiene algo que ocultar.
En definitiva andan ahí enredados en una serie de argumentos –que no son suyos, por Dios, ellos se limitan a reflejar lo que ven- que a veces resultan contradictorios y siempre demagógicos y que hacen que sea imposible acertar se haga lo que se haga.
Pero es que junto al fondo, están las formas. Es evidente que en algunos medios tienen la consigna de darle un nuevo enfoque a la información deportiva, tiñéndola de chascarrillos y gracietas, lo cual puede gustar o no –a mí, por ejemplo, no me gusta- pero es muy lícito, siempre que haya un mínimo respeto a los demás. Me parece lamentable que vayan de graciosillos tratando un asunto que afecta a una persona concreta cuyo trabajo no es reconocido por una parte de la prensa –parece que cada vez menos parte- y de la afición, y que estoy seguro de que está, por ello, pasándolo mal.
Si a eso le añadimos que no parece que Dios les haya dotado con un especial sentido del humor –por no hablar de otras lagunas en sus capacidades- nos encontramos con un espectáculo penoso de frases a medias, risas infantiles y bobaliconas –les falta decir caca, pipí, culo- que se repite día tras día.
Yo, desde luego, sí sigo un pensamiento único: son patéticos. Pero si ellos están encantados de conocerse y se van ganando así la vida…
Pedro Monago





