por Pedro González | 29 Enero 2010

Eso es. Un mucho mas de prepotencia. Y es que no paran. La estela que deja la agresión de Cristiano Ronaldo a Mtiliga es para sentir vergüenza ajena. Pero vergüenza en dosis elevadas.
¿Cómo es posible que haya tanta gente solidaria con esta tomadura de pelo? ¿A quién creen engañar? ¿Es que piensan que puede seguir tergiversando los hechos que toda España vio tan nítidamente y tan claro? ¿Es que creen que pueden seguir intentando manipular la verdad de lo que vimos todo el mundo? ¿Cómo pueden seguir pensando que nos toman el pelo?
Metidos esta parafernalia por derecho propio, porque, desde tiempo inmemorial, los sevillistas hemos sufrido atropellos madridistas en el terreno de juego y fuera de él, soportando insufriblemente el que sus medios afines orquestaran intrigas y disparates, para que luego, quienes tenían que tomar las medidas necesarias –los distintos Comites– refrendaran sus injusticias, dándole la razón a esta caterva de impresentables que se autoaplauden y se jactán al conseguir sus fines.
Los sevillistas hemos tenido tantos agravios comparativos con las decisiones de los jueces, en el campo y fuera de él, que este tema nos olía a cuerno quemado, desde el mismímisimo momento en que el sucio y durísimo Mtiliga se le ocurrió poner su nariz en el camino del antebrazo del bendito de CR9, ese niño bueno, bonito, tan modosito él.
El montaje dispuesto por esta reunión de desinformadores para minimizar la dura agresión de CR9, queriendo convertirla en hecho anécdotico, en el que se ha puesto como incidencia relevante el agarrón de Marc Valiente a Messi y el braceo de éste para desembarazarse, buscando una similitud con lo hecho por Ronaldo, me parece un descrédito enorme para la entidad madridista, que no ha sabido digerir el suceso y se ha puesto, como mínimo, a la altura de su jugador y la de los impresentables mediaticos-galácticos que pretenden defender con sus diatribas y mentiras lo indefendible.
Una entidad como la madridista, que tanto presume de sus logros deportivos, de sus galardones, de sus Copas de Europa, de ser el equipo mejor de la historia del fútbol mundial, debería rumiar los accidentes deportivos que protagonizan sus estrellas, manteniendo el temple y la cordura, y, sobre todo, ejerciendo su influencia y autoridad para contener a la jauría mediática-fanática que con sus agresivas acciones mas que favorecer al club, menoscaban y destruyen la reputación y el buen nombre de la entidad al someterse a esta tiranía. Claro que que decir, si más de uno ha encontrado eco a sus premisas con las manifestaciones sobre el asunto del ínclito Jorge Valdano. Mas de lo mismo. Historia que se repite.
Es más que posible que el Comité de Apelación acceda a la peticiones madridistas y se haga eco del clamor de la información mediatico-galáctica y conceda o bien la rebaja a un partido o despues la cautelar, para que el sancionado Ronaldo pueda jugar el partido que les interesa. No sería ninguna sorpresa. Como no sería sorpresa que no le quitarán la amarilla a Drago. Pero, ¿Cómo va usted a comparar hombre?.
Es una tristeza que esta Liga tenga que ser manipulada hasta el extremo de convertir un accidente deportivo en una epopeya nacional. En una cuestión principal del país, lo que debiera ser un mero hecho antideportivo que se sancionara por el Comite y punto.
Si aquello sucede, nadie de la esfera madridista puede sorprenderse después, de que a tal agravio para todos los equipos de la Liga, a tal atropello, se responda por parte de los aficionados de los demás clubes, con un incremento de la ira y si me apuran, del asco, contra todo lo que huela a madridista.
Mientras tanto, los verdaderos responsables de este desaguisado, seguirán acudiendo al palco madridista para recibir tres palmaditas en la espalda y una sonrisa socarrona por haber interpretado tan bien los deseos de su amo. Por seguir manipulando los resultados de una Liga que, año tras año, tiene que ser propiedad de los de siempre.
Sin ir más lejos y sin ahondar en la historia. Sucedió hace un par temporadas, en el que un títere vestido de árbitro nos robó la ilusión a toda afición sevillista, cuando habíamos hecho todos los méritos para ganar ese título de Liga.
Y en esta parte del país, en esta ciudad llamada Sevilla, quienes tienen la obligación moral de defender y sacar a flote la verdad, andan empeñados en la tamaña tontería de socavarle los piés a un honrado profesional cuyo fin lo determinará el resultado de su trabajo. Emulando a los mediaticos-galacticos, siguen sin ver más allá de su nariz.
Es el sino de esta putrefacta liga llena de señores y vasallos, de reyes y súbditos, llena,para nuestra desgracia de corruptos, pelotas y esperpentos.
Pedro González



