por Jesús Rodríguez | 28 Enero 2010
Dicen que el científico Arquímedes de Siracusa, el más grande entre los suyos en el Mundo Antiguo, exclamó, preso de soberbia tras su descubrimiento: “Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Realizar una afirmación de ese talante requiere una reflexión más profunda pero el trasfondo de la misma se antoja real como la vida misma.
Todos necesitamos un punto de inflexión cuando las cosas se ponen feas. Es entonces cuando buscamos puntos de apoyo en los que realizar palanca y tomar impulso, como si de un trampolín se tratara.
Pensamos inconscientemente en la (posiblemente) única palanca que hemos usado en nuestra vida, el balancín del parque. Sin su punto de apoyo, jamás hubiéramos podido levantar el peso de nuestro compañero de juegos.
Y como si de un Arquímedes de la vida moderna se tratara, Jiménez trata de levantar su propio mundo: un equipo sin ideas que ha sobrevivido al temporal como ha podido. Carente de pegada y de juego, el Sevilla, y con él su entrenador, ha buscado un punto de apoyo con el que levantar la nave. Y éste ya está aquí. Esperemos que le dure la gasolina lo suficiente para cumplir los objetivos.
Bienvenido a casa, Didier.
Jesús Rodríguez



