por L. Julio del Zapatero | 20 Enero 2010
Siempre he dicho que soy un idealista del periodismo. Y en ese periodismo ideal con el que sueño está la objetividad. Esa objetividad de la que tanto me hablaron en la Facultad y que tan escasamente se puede ver en los medios de comunicación. Es normal que los aficionados al fútbol, los partidarios de un grupo político, etc. sean imparciales. Los sentimientos pueden llegar a ser tan fuertes que cieguen el conocimiento. Pero no puedo aceptar que un periodista se vea mermado en sus facultades para analizar la actualidad de manera fría y objetiva porque esté mediatizado por intereses económicos, políticos o emocionales.
Soy capaz de reconocer los errores de mis rivales y los defectos de mis amigos. Soy capaz de estar de acuerdo con mis adversarios y discrepar con mis aliados. Y eso no debe significar que sea menos leal a las causas que defienden, o defendemos.
En el periodismo se está cayendo de manera peligrosa en la parcialidad. Desde siempre ha existido, pero lo de ahora ha crecido una barbaridad; y, además, ni se intenta disimular.
Por eso, puedo comprender, por ejemplo, que haya quien critique a Manolo Jiménez; lo mismo que entiendo a quienes lo defienden. Lo que no asimilo es que haya quienes estén totalmente a favor o totalmente en contra. Jiménez, a quien aprecio muchísimo desde que le conocí en su etapa de gran futbolista de club, internacional mundialista con España, y aun así, personaje asequible como pocos he visto en el mundo del fútbol, seguramente estará equivocándose y acertando, como cualquier humano. Así que prefiero alinearme con los que, objetivamente, están analizando su trabajo, y no con los que lo atacan sin compasión ni con los que lo defienden de manera visceral. Dicho esto desde el punto de vista periodístico.
Lo mismo que no puedo aceptar que voces interesadas difundieran de manera injusta que el Barcelona en la ida de los octavos de final de la Copa del Rey alineara a un equipo plagado de suplentes, sin añadir que el Sevilla FC hizo igual, pero en su caso por obligación. Porque, efectivamente, en aquel partido histórico, Jiménez no pudo utilizar a tres de sus jugadores más relevantes: Kanouté, Luis Fabiano y Zokora. Y lo que es peor es que, ninguna de esas voces haya dejado constancia de que en la vuelta y en la Liga, esos tres futbolistas tampoco pudieron jugar, cuando el poderoso Barça sí pudo formar con todas sus figuras.
La objetividad, escaso bien…
L. Julio del Zapatero



