por José Cadenas | 17 Enero 2010

Queridos amigos, el poder nunca pierde o al menos nunca asume ni reconoce que pierde o que lo hace mal y si hablamos del cuarto poder, la prensa, los medios de comunicación, entonces ya nos adentramos en terrenos pantanosos y enfangados.
La prensa, y por ende la prensa deportiva, traduce la vida ante el espectador, que es la condición esencial del occidental medio. Señala pautas de conducta que repiten los espectadores, marca modas y modos de vivir. La pantalla permite asistir a otras vidas, tiempos y lugares inaccesibles. Se intensifica el ver y se reduce el campo de la experiencia personal, de la elección propia y el aprendizaje. Triunfa la contemplación y el abandono de la acción a favor de la copia. La repetición de lo real, convierte el medio televisivo en un arma involuntaria de defensa del orden dominante. Los medios dan su versión de cualquier información a millones de personas. A fuerza de repetir su perspectiva acaban por hacerla real de cara a su público.
No hay mayor poder que el emanado de ponerle nombre a los comportamientos, las personas y las cosas. Dios dio a la persona el poder de nombrar las cosas. Es la trampa de la polisemia que nos tiende la lingüística moderna, por la cual las palabras se rodean de connotaciones emotivas que deforman o invierten su significado. Ni los razonamientos ni la ecuaciones movilizan un pueblo como lo hacen los sentimientos o como lo hacen los poetas, ingenieros de la palabra. Lo mismo sucede con un club de fútbol. La prensa conoce esta realidad y más o menos enfundada en su dignidad, explota también la vena sentimental. Un pastel que convierte a dos revistas del corazón en las más vendidas de España, seguido por un periódico deportivo. Nos acercan informaciones, tragedias personales que son convertidas en espectáculo mediático. Disculpa también los errores de los suyos. La prensa sobrepasa el papel de espectador y busca su propio protagonismo en el escenario, llegando a crear las noticias.
La información es un derecho ciudadano hoy, pero ¿quién la garantiza?. Los medios públicos caen en comportamientos privados y son los agentes privados los que concurren ofertando información como mercancía en compra-venta, coordinada con la publicidad que reporta los ingresos necesarios para mantener las muy caras maquinarias de propaganda que son los medios de comunicación. La información presentada actúa paralelamente en la batalla en curso (política, económica, deportiva o mediática) y se instrumentaliza en torno a intereses de grupo o de parte que tienen un reflejo mediático.
Trasladando lo expuesto a la prensa deportiva, el comportamiento es el mismo aplicado a estos últimos, los periodistas deportivos, no todos pero sí algunos o muchos, utilizando la información a su alcance no ya para informar o ni tan siquiera transmitir una opinión (siempre subjetiva, por cierto) sino para emplearla cual fusil o catapulta mediática transformando, cuando no tergiversando, el origen primitivo de la noticia o de la información. Son además sujetos casi autómatas que actúan dejando, por no sé qué ocultas razones, que su pluma en su mano sea manejada por hilos que mueven los poderosos situados en una escala jerárquica superior, recordándonos a esos entrañables muñecos de trapo que hasta los niños manejan a su antojo y que todos conocemos por el sobrenombre de MARIONETAS.
Así que si ya ha visto usted las “maravillas de la información” de la prensa deportiva, ahora siga al camión de la basura.
José Cadenas



