por Jesús Rodríguez | 15 Enero 2010
Dejando de lado un largo periodo de inactividad por ‘mosqueo’ redundante, y ante los acontecimientos de los últimos días, me lanzo al portátil a pintar. Entre manos, un retrato que llevo mucho tiempo barruntando. El retrato de la tela, de la manteca, del parné, de los jurdeles, del fajo de billetes, del taco…
Y es que este retrato tiene por protagonista a una rata. Una rata de estas a las que le gusta comer queso. Una rata de esas que sabe que es de cloaca pero que gusta de fardar de alta alcurnia. Pero rata al fin y al cabo.
La rata de mi retrato es lista, muy lista. De hecho la he pintado con birrete, para que quede claro lo lista que es. Si fuera ratón, sería uno ‘colorao’, eso lo tengo claro. Pero su color es mas gris, canoso si se me permite. Y no puede quejarse de que las cosas le hayan ido mal en la vida, llegó a decirse de ella que estaba por encima de muchas de sus compañeras. Y amasó una buena fortuna, por eso la he dibujado rodeada de billetes, de billetes de dólar, que dan un tono verdoso al fondo.
Pero la rata de mi retrato tiene dos defectos. Uno es la traición. Mi rata, la rata de mi retrato, tiene las uñas afiladas, sabe cómo clavarlas por la espalda. Y si malo es un defecto, peor es el otro. Porque esta rata, además, es avariciosa. Porque no conforme con la gran fortuna que tenía, invirtió en una cloaca aun mayor para después revenderla y seguir amasando fortuna.
Y he aquí que el negocio salió mal. Y por eso he pintado las grandes masas de dinero ardiendo, como en una gran montaña. Eso le da al cuadro un tono rojizo anaranjado muy similar al que yo supongo que debe tener el infierno (no he estado nunca allí y espero no estarlo nunca, pero así me lo imagino). Y como está perdiendo toda la fortuna que había conseguido amasar, mi rata, la rata de mi retrato, tiene los ojos tristes y los hombros encogidos, como diciendo: ‘Parece que va a llover’. Pero no llueve, qué mas quisiera ella.
Una pena, porque ahora mi rata se vende al mejor postor, al primer bombero que salve su fortuna de las llamas. Por eso he dibujado a mi rata con bolso rosa y zapatos de tacón a juego. Porque mi rata, la rata de mi retrato, no repara en si quien la salva sea bueno o malo, sólo en los billetes que sea capaz de salvar y los que vengan después. Ella que presumía de alta alcurnia…
Seguro que no necesitas ver mi retrato para imaginártela.
Como decíamos en el colegio, con un 6 (Podestá) y un 4 (Prieto), aquí tienes tu retrato.
Jesús Rodríguez



