por José Cadenas | 13 Enero 2010
El término chino para la palabra “crisis” consta de dos ideas o ideogramas: uno significa dificultad; el otro, oportunidad. La ancestral sabiduría china refleja así que los momentos de crisis, además de conflictivos, son también momentos “adecuados” que encierran la oportunidad y la promesa de nuevas y más amplias posibilidades.
Los momentos difíciles de nuestra vida, aquellos en los que uno se siente descentrado y todo parece derrumbarse, son precisamente una situación ideal para librarnos de lo que nos mantenía atrapados y para abrir nuestro corazón y nuestra mente más allá de los antiguos límites.
Tenemos a nuestro alcance una felicidad esencial que, sin embargo, suele escabullirse entre nuestros dedos. La ironía es que ello sucede precisamente cuando lo que pretendemos es justo lo contrario: escapar del dolor y del sufrimiento.
En todas las filosofías existen sabios consejos para afrontar esos difíciles momentos de crisis, algunos provienen del corazón de la sabiduría tradicional budista y alcanzan directamente la raíz de nuestras habituales actitudes negativas frente a la adversidad.
Sólo hay una manera provechosa de afrontar el sufrimiento. Y esa manera consiste en cesar en los intentos de evadirnos de esas situaciones difíciles y, en cambio, emplear nuestras aptitudes para encararlas con una disposición amigable y curiosa, relajándonos en esa sensación de pérdida de norte y de suelo que las situaciones conflictivas nos provocan. Es así como nuestra mente se ensancha y no vociferando de manera desordenada y esquizofrénica ni añadiendo más locura al sufrimiento. Es allí, en medio del caos, donde descubriremos el camino y la verdad indestructibles.
José Cadenas



