por Mamen Gil | 12 Enero 2010
Jimenistas, antijimenistas… La disyuntiva está ahí y es algo que ha estado presente a lo largo de estos dos años. En todo ese tiempo se nos ha querido tachar a los que no estábamos de acuerdo con los planteamientos del entrenador de ser antisevillistas. Craso error, no se es ni más ni menos sevillista por situarse en una opción u otra. Solo es cuestión de gustos y a mi no me gusta como juega el Sevilla de Jiménez. Es más, creo que éste Sevilla no tiene patrón de juego.
A los mal llamado antijimenistas se nos ha querido lanzar como un obús eso de que ya no nos acordamos del pasado, de ser algo así como los nuevos ricos del sevillismo y nada más lejos de la realidad. Sabemos que lo de los cinco títulos es algo casi irrepetible, pero no por ello debemos renunciar al buen juego desplegado en esas temporadas. Hay plantilla para ello. Nuestro juego y la velocidad de las bandas provocó la admiración de propios y extraños y no entiendo por qué hay que renunciar a eso.
Recientemente me planteaban un dilema: ¿qué prefieres jugar diez años seguidos bien y quedar los décimos o jugar mal durante cinco años y quedar los terceros?. Si el mundo fuera solo así, o blanco o negro, me decantaría sin dudarlo por el negro. Pero, afortunadamente, entre el blanco y el negro hay una amplia gama de colores y jugar bien y ganar no es incompatible. Al contrario, es más fácil ganar cuando se juega bien que perder. Es más fácil ganar cuando se tiene controlado el balón que cuando lo tiene el rival. Es más fácil marcar un gol cuando la pelota bordea el área contraria que cuando la escondemos en nuestra área. Es más fácil que nos respeten cuando son los demás los que nos temen que cuando somos nosotros los que tememos a los demás.
Es cierto que hemos llegado a estas alturas de temporadas plagados de bajas. Pero también es cierto que las pérdidas de puntos en nuestro estadio y el mal juego del equipo vienen de mucho antes.
No se puede apelar a las bajas ni desear públicamente que pase enero. Eso no es de mentalidad ganadora y, en cierto sentido, menosprecia a los jugadores que están en condiciones de saltar al campo. Muchos de ellos, no se nos olvide, internacionales absolutos con sus respectivas selecciones.
Dicho todo esto, mientras que Manolo Jiménez esté en el banquillo le apoyaré y le desearé lo mejor, pues sus éxitos serán los éxitos del Sevilla y, por tanto, los nuestros.
Mamen Gil



