por Javier Cabrera | 29 Diciembre 2009
Conocemos a muchos sevillistas a quienes se les llena la boca hablando de cantera, opinando de cantera, presumiendo de cantera. De nuestra cantera.
Pero, realmente, son pocos, por no decir muy pocos, los que hablan, opinan o presumen de ese preciado bien que poseemos, llamado “cantera”, con conocimiento de causa.
Quiero decir con esto que, nuestra cantera está sola. Y se siente desabrigada.
Se sobreentiende, o debe ser así, que, bajo ningún concepto me esté refiriendo a que ni la cúpula dirigente, ni el staff técnico de la entidad responsable de la misma, estén realizando “dejación de funciones” para con nuestros escalafones inferiores. Ni mucho menos. Más bien todo lo contrario.
Me refiero a la afición. A esa que presume, con toda razón, de tener a una de las mejores canteras del Estado (respetando a otras entidades deportivas que trabajan bien esa vía), pero que, en la modesta opinión de quien esto escribe, le tiene dada la espalda, o como menos en “lejana opción”.
Datos, muchos, todos los que quieran. Desde el comentario conversacional entre amigos en el que alguien esgrime el “hay que ver lo bien que viene fulanito”. Pero, ¿tú le has visto jugar? No, pero me han dicho, que dicen que cuentan, que aseguran los que saben, que viene muy bien, aunque claro, para el primer equipo, seguramente, aún no estará. O aquellos otros en que, durante el partido del primer equipo, como mucho preguntan ¿se sabe, como ha quedado el Sevilla Atlético?. Y poco más.
Hay un dato objetivo que ocurría hace pocas fechas. Jugaba nuestro Sevilla C partido en jueves frente a Los Barrios. Seis de la tarde. Cierto que era en horario laboral, pero, en la José Ramón Cisneros Palacios no contabilicé más de 30 personas, algunas de ellas, familiares del equipo visitante. Alguno de los “incombustibles” sevillistas presentes, puede dar fe del hecho.
Pero eso no es todo. La mayoría de los encuentros de nuestros filiales, se juegan en el campo número cuatro de nuestra Ciudad Deportiva. Juegan asiduamente en fin de semana con horario diverso. No hace falta más que darse una vuelta un día cualquiera, de un encuentro oficial de nuestro Sevilla C, o de los “excepcionales” equipos de juveniles (División de Honor o Liga nacional), con fútbol de primor, por no decir de “escándalo” por parte de los nuestros. Casi nadie.
O por decirlo de otro modo, muchas veces, la mayoría (con excepción a los leales de siempre, con mención especial a los “Colineros de Gelsenkirchen”), los poquitos que arropan a los jugadores participantes en los partidos, son los adeptos del equipo contrario con quien toque jugar.
Somos conscientes de que, afortunadamente, disponemos de unos medios audiovisuales oficiales que nos llevan hasta aquel lugar donde nos encontremos muchos encuentros de los que disputan nuestros filiales. Pero, debemos colegir que la frialdad de unas imágenes de televisión, jamás te harán sentir ese “pálpito”, que te ofrece una jugada de ensueño como las muchas que dan cada encuentro nuestros niños-jóvenes de oro.
Que nadie entienda que escribimos esto para criticar al abonado y/o accionista, o al aficionado sevillista por no acudir a la Ciudad Deportiva.
Solamente hacemos este modesto llamamiento para que, si les apetece, puedan disfrutar, cuando lo deseen, del “fútbol en estado puro”, que allí se ofrece, sin que se lo cuenten.
Porque ahí es donde ya se atisba el fútbol de altísimos quilates que atesoran los que, día a día se enfundan nuestra sacrosanta elástica y sueñan cada noche con ese momento mágico de emerger desde el corazón de nuestro estadio al césped de nuestro mítico Ramón Sánchez Pizjuán. Ahí.
Y si no nos creen. . . . Pasen y vean.
Javier Cabrera



