por Miguel Ángel Bracho | 26 Diciembre 2009
Blanca, como nuestras columnas, como visten a la esperanza en Nervión y como dibujan a la Navidad en formato christmas. Roja, como el disfraz de quien reparte presentes e ilusiones, como la pasión de un sentimiento o del color que se tiñe Sevilla cuando el balón echa a rodar. Y fría, como la nieve que cubre de manto a Belén, como la noche invernal sin estrellas o como el semblante de una afición al encajar un gol.
Es Navidad, época donde se confunden recuerdos, nostalgias y añoranzas con futuras ilusiones, días de esperanza, de recogimiento, de reunión familiar, de confeti, de pandereta y almirez, mesa, mantel y cubertería de plata para brindar con cava por lo venidero no sin dejar escapar una lágrima al mirar hacía atrás y rememorar lo que ya es pasado.
La puerta de salida del 2.009 está abierta mientras que 2.010 asoma por la de entrada. Van y vienen los años como suben y bajan las emociones, la tensión, la pasión, los sueños e ilusiones de una afición sevillista que, vestida de blanco y rojo, también se arropó de frialdad cuando Soldado clavó por dos veces su bayoneta en el corazón sevillista en noche gélida en Sevilla.
Acabamos el año situados en el peldaño que nos corresponde, sin necesidad de compartir con nadie, dentro de la gran escalera que forma la Primera División de nuestro fútbol. Somos terceros porque deportivamente somos el tercer mejor plantel, dejando los niveles presupuestarios en manos de mejores o peores gestores, lo cual exigiría un análisis paralelo. En la competición de Copa de SM El Rey afrontamos en Enero, ¡ay Enero!, la eliminatoria frente al más poderoso, frente al club que ha ganado todo lo que se podía ganar, hasta seis títulos en un año, jugamos ante un FC Barcelona que ya es leyenda y mito dentro de la exquisitez y la excelencia futbolística. Y seguimos vivos en Europa, con nuestro nombre subrayado en la élite, dándole aroma de Sevilla a los octavos de final de una Champions donde moran los mejores, donde no hay cabida para los mediocres, donde el fútbol se convierte en exigencia, en verdad absoluta, donde no tienen cabida las excusas, los discursos oblicuos ni las falsas modestias. Nuestro tren llegará a Moscú gracias a un sorteo benévolo que nos inspira y nos conduce al vértigo de unos cuartos de final al alcance de nuestras posibilidades reales.
Terceros en liga, en los octavos de final de Champions y adelante en la Copa del Rey, serían otrora motivos de algarabía, frenesí e insultante alegría. Sin embargo, el sevillismo está calmado, pensativo, callado, sin chispa, frío… Porque aunque se resalte nuestra posición actual en las tres competiciones, que es expuesta en determinados contextos de forma inapelable, se le nota que le falta la luz de la mirada, no hay brillo en los ojos, no existe la sensación de estar en la cima y no siente la volatilidad de su interior…
Sintomático es que equipos con propuestas futbolísticas vulgares como RCD Español, Málaga CF, Real Valladolid o el mismo Getafe CF, hayan sacado tajada del Sánchez Pizjuán con más facilidad de las previstas y que los cimientos de Nervión no hayan crujido, no se hayan cimbreado, no hayan retumbado y no se hayan resentido. Observé, debajo del blanco y rojo de cada uno, como la respuesta ante estas decepciones fue fría, muy fría, como el que encaja un golpe esperado, con resignación, encogiéndose de hombros, moviendo la cabeza, sin levantar la voz, sin calor sofocante, sin asfixia, sin color, apresurado por marcharse a casa para no oír, leer ni ver nada y dar carpetazo al fútbol hasta la próxima semana…
Y la crisis cuando el equipo pierde, como así se leyó el mensaje, existe y pasa de la frialdad del Estadio transmitida por lo poco que ofreció el equipo, al calor y acaloramiento en tertulias, reuniones entre amigos, en los Foros, en la calle y en las previas
Alabo, comparto y aplaudo la naturaleza del sevillismo, su espíritu, su pluralidad, su propia identidad, su personalidad, su sentido crítico, su ambición innata, su fuerza, su poder, su figura, su talante, su saber ser, su saber estar, su antes, su hoy y creo firmemente en su después.
Una afición que es sabia y que agradece la lluvia de ambición que se desprende desde la Presidencia del club porque así verá crecer la suya propia, una afición que acepta el reto, que apuesta, que admite, que se entrega, que mira hacía adelante, que llega a ilusionarse hasta creer y que firma la misma servilleta donde José María Del Nido, con tinta carmesí, escribió no un sueño sino un reto.
Todos hemos de ser conscientes de la magnitud de entidades como FC Barcelona y R Madrid, dos mastodontes inalcanzables e imposibles de tutear en la competición liguera. En cambio, si se aceptó en la temporada vigente ser alternativa, que no aspirante y sin la responsabilidad tal, a ganar el ansiado, soñado y anhelado título liguero. Empresa harto difícil pero….¡ay! que no tropezaran los dos colosos que ahí estaríamos nosotros.
Pero llegó el RCD Español y Kameni para arrugar la servilleta en el puño del sevillismo, después lo hizo el Málaga CF y la servilleta se apretó aún más, con la llegada del R Valladolid ésta se guardó con rabia en el bolsillo y tras el partido ante el Getafe CF fue devuelta al cajón a esperar otra oportunidad.
Nueve puntos que con celo guardaba Nervión volaron hacía destinos imprevistos, nueve pasos atrás para hacer impensable cualquier asalto, nueve gotas de fría decepción que recorrieron las gradas en cuatro partidos donde el Sevilla no fue imagen del espejo diseñado, donde el fútbol se ausentó, donde se alinearon impotencia y decepción en vez de ese Sevilla que sabemos que tenemos realmente y que hemos de recuperar.
Ya pueden tropezar FC Barcelona y R Madrid. Hasta dos y tres veces.
Vamos a centrarnos en lo nuestro. Que la servilleta quede en buen recaudo y firmemos todos el importantísimo papel de quedar terceros en Liga, de plantarle cara al FC Barcelona en la competición copera y unirnos y hacernos fuertes para seguir escribiendo historia en Europa.
Blanca y roja siempre y hoy extrañamente fría.
El equipo, con su actitud en cuatro partidos infames ante cuatro equipos inferiores, ha hecho que de nuestras manos, de nuestras ilusiones, se escaparan dos globos, uno blanco y otro azul y grana, que han volado hacía el cielo mientras nos devuelve nuestros pies a la tierra.
Y se nos va en Navidad. Una Navidad fría, una Navidad de regreso, de vuelta a nuestro escenario, una Navidad para anhelar, querer y luchar por lo que realmente somos y podemos, lejos de la imagen dada últimamente, sin que para ello tengamos que armar la marimorena.
Felices Fiestas.
Miguel Ángel Bracho





