La faca, otra vez en el fajín

por Paco Romero | 10 Diciembre 2009

Han bastado dos malos -pésimos, por inesperados- resultados ligueros, amén de “lo” de Bucarest, para que los currojiménez de turno vuelvan a presumir de faca, de navaja cachicuerna, de cachas brillantes, asomando por encima del fajín, dispuestos a acobardar a quien se tercie, comenzando por el otro Jiménez, Manolo, y desalentando, o al menos pretendiéndolo, a todos los que no comulguen con sus tesis.

Fases de decaimiento, de depresión, como las que ahora nos toca sufrir a consecuencia de los últimos resultados del equipo hemos tenido todos los años, lo único que ocurre es que los relucientes números finales de las temporadas han corrido un tupido velo sobre los desafortunados momentos puntuales. Sin ir más lejos, recordemos el mes de abril de la pasada temporada, tan sólo cuatro semanas antes de conseguir (y superar) el objetivo fijado: 0-1, derrota en casa frente al Getafe; 3-1, ídem en Mestalla; 4-0, lo mismo en el Camp Nou y 2-4, lo propio en casa frente al Madrid.

El reciente partido ante el Unirea, que muchos calificaban de intrascendental, ha servido para que un técnico rumano, Dan Petrescu, muestre al resto del planeta balompédico las carencias del rígido sistema empleado por el Sevilla FC: ese eterno e “irrenunciable” 4-4-2, al decir de tantos y tan granjeados entendedores de fútbol que pueblan las gradas de nuestro estadio y las redacciones de los medios informativos deportivos sevillanos ¿Qué queda de aquel partido? Tres balones a los palos, gol en propia meta y derrota. “Esto también es fútbol”, se afanaba, no sin razón, Petrescu.

El último entrenador en visitar Nervión, Mendilíbar, lo ha vuelto a dejar claro en la rueda de prensa post partido, al responder así -sin sonrojarse- a la pregunta de cómo se consigue aniquilar el juego del Sevilla FC: “renunciando a las bandas”.

Tras los empates ante el Málaga (diez claras ocasiones de gol al limbo) y frente el Valladolid (“sólo” seis oportunidades ante la meta rival), el innegociable sistema táctico de tanta figura mediática y de tanto urbanita comienza a mostrar sus lagunas: cuando el contrario acumula todo su potencial en el centro del campo, cuando el sistema empleado por nuestros rivales no difiere mucho de un 4-3-2-1, muy próximo a un 4-5-1, ocurre lo normal: atasco e inferioridad numérica manifiesta en la parcela ancha, extremos inutilizados por dos parejas de pétreos marcadores y delanteros como islotes a la espera de cazar alguna pelotita que le llueva del cielo.

Así se resumen no sólo los tres últimos partidos sino muchos otros de los que los nuestros cambiaron su rumbo gracias al acierto de enchufar algunas de las oportunidades que, aún en esas condiciones, nuestros profesionales son capaces de generar. Si no ocurre eso, si las ocasiones no acaban convirtiéndose en gol, los resultados negativos hacen su aparición.

Tome buena nota el técnico: no se deje llevar por los cánticos de sirena de los contestatarios de siempre; pueble, en determinados partidos, o en señalados momentos de algunos encuentros, el centro del campo, iguálelo en cantidad y, lo demás debe venir solo, supérelo en calidad.

Con el único afán de contribuir a superar el delicado momento de resultados, ésta es mi crítica al entrenador, todo lo contrario de los que, con la faca asomando por encima del fajín, amén de reiniciar el pim-pam-pum hacia él -¡ya tocaba!-, critican ahora el fichaje de Negredo por su “manifiesta incapacidad” y que resultan ser los mismos que hace tres semanas reprochaban, no el fichaje, sino la “cesión” del delantero madrileño que, irremediablemente, volvería el próximo verano al equipo de todos los gobiernos de todas las épocas.

Vosotros sois así y, particularmente, tú siempre tienes razón, nunca te equivocas porque no te avergüenzas de decir hoy “a” y mañana “b”. Los éxitos llegaron –y continúan alcanzándose- sin tu contribución, o mejor dicho, a pesar de ti. Si nuestros delanteros hubieran enchufado una, sólo una, de las ocasiones de que dispusieron en los tres últimos partidos, ¿de qué hablarías tú ahora, miarma?, ¿dónde tendrías clavada la faca?.

Paco Romero

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