por Pedro Monago | 8 Diciembre 2009
En los dos últimos años hemos tenido la suerte de que nuestro filial jugara en Segunda División. La primera de esas temporadas la afrontamos prácticamente con el mismo equipo -un premio para los chavales que habían conseguido el ascenso- y mucha ilusión, hasta el punto de que hubo quien cuestionó la idoneidad de la ciudad deportiva, por su escaso aforo, para alojar partidos contra rivales de renombre en la categoría. Nunca hubo problemas de capacidad en ese ejercicio.
Después de ese primer año, la filosofía del club se adaptó más a la de un equipo filial, sin mucha inversión en fichajes y una edad media muy por debajo de la del resto de equipos de la categoría. El resultado fue el descenso y la eclosión de varios jugadores que, a distinta velocidad, tendrán su sitio en el primer equipo: Javi Varas, desde el principio de la temporada; Diego Perotti, a mediados de la misma; Lolo, tras su exitoso paso por el Málaga y Alfaro, que triunfó en su primer año de cesión y lleva camino de hacerlo también en el segundo.
La presente temporada ha comenzado con un equipo muy nuevo, con muy pocos fichajes y muchos chavales del segundo filial o directamente del División de Honor. Está claro que no va a ser fácil, que el equipo tiene que compensar con ilusión la falta de experiencia en una categoría dura, en la que tienen que jugar contra veteranos no exentos de calidad, pero creo que hay que tener confianza en estos chavales, porque irán madurando con la ayuda de un cuerpo técnico que, me consta, porque lo he vivido en directo, los mima y los educa futbolísticamente, pensando no sólo en los resultados sino también en la formación. Ellos, a su vez, tienen que comprender que esto no va a ser fácil; se acabaron las temporadas en División de Honor o en Tercera División en las que lo normal era ganar con cierta facilidad, hay que apretar los dientes y entender que el sufrimiento también es parte de la formación.
Pero, además, los sevillistas tenemos que apoyar al equipo sin excusas. No me vale que la ciudad deportiva o los horarios son incómodos, ni que se sufre viendo partidos contra equipos duros que se encierran buscando su oportunidad y provocando partidos feos. Admitir que cualquier equipo que venga tiene más apoyo que el nuestro sería reconocer un adocenamiento que es impropio de una afición a la que los éxitos no han podido hacer olvidar que “nunca se rinde“.
Apoyemos sin fisuras y evaluemos al final de la temporada.
Pedro Monago



