por Alfonso Gentil | 23 Noviembre 2009
Sucede cuando un amigo se va. Siempre quedan cosas que haber dicho. Cuando el Jueves 19, por la mañana temprano, me despedí de él, tomé su mano y busqué su pulso que guardaré conmigo siempre.
Él era un aficionado de los buenos. De fútbol total. De compromiso. Posiblemente sea lo que lo define mejor. Compromiso con sus gentes y con sus amores: familia, medicina, periodismo, radio, amigos, Sevilla FC… Los grandes hombres se diferencian por el compromiso por encima de sí mismo. Eso que vemos ahora en nuestro club. En nuestro jugadores, en nuestros técnicos, en nuestros directivos. Eso que ha hecho diferenciarlo de la mediocridad imperante que existía antes y de la que hay a nuestro alrededor: en la política, en la sociedad, en otros equipos…
Cuando vemos a una ciudad convulsionada por lo sucedido en los Pajaritos, donde habita el olvido, comprobamos de la obligación de los más fuertes y de los más preparados a trabajar por la sociedad. No ser sólo un equipo de fútbol. Devolver a la sociedad lo que ésta le ha dado al club durante cien años. Compromiso.
En algunos momentos de duda al inicio de los programas de “El Sevilla es salud”, cuando Agustín sacaba su impronta, nos recordábamos el compromiso con nosotros mismos, por encima de los devaneos de los de arriba. Quinta temporada lo dice todo.
Cuando el club abandonadas las telarañas, por el trabajo bien hecho, mira a su alrededor, Fundación, “sácale partido al cole”, Champions por la paz, la ciudad y sus gentes deberá estar siempre por encima del marketing.
Amor a la ciudad de espléndido pasado, que como Agustín, su espíritu quiere resucitar.
Anclados en esta ciudad maravillosa, cuyo nombre defendemos jugando al fútbol por encima de nosotros mismos, no deberemos nunca olvidar su ejemplo.
En el funeral nos han recordado que él siempre quedará en nosotros, como queda en sus hijos, que nos hará mejores de lo que somos.
Alfonso Gentil



