por José Enrique Vidal | 11 Noviembre 2009

Mientras algunos parecen ensimismados sin remedio en darle vueltas a su peculiar concepción filosófica del fútbol, pese a su vulgaridad deportiva histórica y actual, o quizás precisamente por ello, hay otro club no muy lejos, nuestro Sevilla Fútbol Club, capaz de convertir en oro todo aquello que toca.
Hace ya varios años que nuestro Sevilla representa el milagro del éxito dentro del enmarañado mundo del balompié hispano, con nuestro Presidente, José María del Nido, haciendo las veces de ese otro calvo, el de la lotería navideña, en su constante afán por regalar ilusiones al sevillismo esparcido por todo el planeta.
Podríamos citar cientos de ejemplos de una política institucional y deportiva precisamente ejemplares, pero hoy viene todo esto a cuento de la reciente convocatoria de dos de los nuestros, Jesús Navas y Diego Perotti, para jugar con sus respectivas selecciones nacionales, España y Argentina.
Aún siendo casos diametralmente opuestos, tienen un denominador común, a la par gozoso e inquietante: la casi certeza de que en otros lugares más fríos e inhóspitos, podrían haberse perdido como verdaderos futbolistas de elite.
Se trata de dos jugadores jóvenes a los que se les ha sabido encontrar, formar, pulir, cuidar, más allá de lo meramente deportivo, en lo humano. Se les ha administrado adecuadamente el tiempo, las responsabilidades, con infinita paciencia, con denodada ilusión, esperando que llegase su momento. Ellos también han sufrido lo suyo y han sido capaces de superar arduos obstáculos.
Ahora, ahí están ambos, devolviendo con creces al Sevilla Fútbol Club toda la confianza que se puso en ellos, a base de buen juego, goles, trabajo, prestigio y cariño por nuestra entidad.
En otro lugar y en otra ocasión me pronuncié sobre los peligros del “barraganismo”, expresión con la que quiero referirme al flaco favor que muchos familiares y representantes de futbolistas noveles hacen a éstos al sacarlos del Sevilla Fútbol Club en cuanto olisquean el primer tufo de libras esterlinas o signo equivalente, cuando sin embargo está demostrado que la casa blanca sevillista es un entorno inmejorable para el desarrollo profesional y personal de jóvenes talentos.
Todos conocemos casos de ilusiones frustradas por una ambición desmedida y, sobre todo, extemporánea. Cada cosa requiere su tiempo. Jesús y Diego, Perotti y Navas, vienen a demostrarlo. Hoy son oro puro que luce brillantemente en el escaparate de esa joyería envidiada por todos que es el Sevilla Fútbol Club.
José Enrique Vidal




