Alá

por Enrique Ballesteros | 3 Noviembre 2009

Me acuerdo de Kanouté en estos momentos, porque a pesar de los excelentes resultados cosechados últimamente que dan continuidad al gran inicio liguero, me da la sensación que el Sevilla Fútbol Club anda un poco atascado. Bien en las visitas a Stuttgart, Xerez y La Coruña, donde en las dos primeras ciudades nos acompañó una exquisita efectividad que puso la guinda a un excelente trabajo defensivo, bien contra el Espanyol que, aunque se puso toda la carne en el asador, el olfato goleador brilló por su escasez.

Dos características futbolísticas que Kanouté podría haber solucionado, a pesar de su mal estado de forma cuando se lesionó. Un ariete que no solo remedia contiendas muy trabadas a través de su eficiencia, sino que su figura es capaz de canalizar todo el juego ofensivo sevillista. Su ausencia puede ser tan eterna como el Ramadán. Su presencia se hace muy necesaria y ardo en deseos de que se recupere para verle cuanto antes en el once titular. Una vez que esté a disposición de Jiménez, Negredo y Luis Fabiano son los que deberían pelear para acompañarle en la punta del ataque.

A lo largo de nuestra historia hemos tenido a grandísimos jugadores. Algunos su calidad se ha visto sobredimensionada por la enorme mediocridad imperante entre sus compañeros, y otros aminorada por una filosofía del fútbol distinta a la de conseguir logros individuales en beneficio del colectivo. Antón Polster fue un gran ídolo, Suker nos enamoró, Daniel Alves rompió los esquemas del fútbol… Ha habido otros grandísimos en nuestra historia que por mi edad no he podido disfrutar, como Arza, Araujo, Campanal, Bertoni, Scotta…, y por lo tanto no se puede comparar con jugadores actuales.

No obstante, Kanouté tiene “somenthing else”. La mayoría de futbolistas para mí son personajillos analfabetos y chuflas que afortunadamente para ellos tienen el don de jugar bien al fútbol. Frederic no es uno de ellos. Es un HOMBRE en un mundo de niñatos. Jamás le he visto restregarse en el suelo fingiendo una lesión ni protestar al árbitro por una acción donde no llevase la razón. Nuestro sino de las grandes estrellas han sido las de no estar nunca conformes en el Sevilla Fútbol Club, vendiéndose como malas putitas en cuanto veían un micrófono de Madrid.

El malí es el delantero milagro, el que explica que un equipo que no era capaz de llevar el control del partido en casi ningún encuentro del año pasado, sumase en Liga tantos puntos como el mejor que se recuerda. Kanouté hace magia. Se saca de no se sabe dónde el control imposible para luego cruzar con la frialdad de un verdugo veterano. Sabe perfectamente cuando sus compañeros necesitan su presencia en la zona de creación del fútbol. Conoce que en el último minuto hay que sacar en corto un corner cuando se va ganando por la mínima e irse al rincón para que no salga de ahí el balón. Asiste cuando debe y tira cuando no hay otra opción. En fin, un primor futbolístico.

El africano es todo lo contrario de lo que se puede esperar del típico jugador, tiene cualidades muy difíciles de encontrar en este deporte: generosidad, compromiso por sus raíces y su país, capacidad de sacrificio para hacer más grandes a los que le rodean (¿verdad, Luis Fabiano?) y un sinfín de atributos que le hacen único. Él no es un obseso del gol ni de galardones, sino del beneficio común. Sus ya de por sí excelentes cifras goleadoras podrían ser aún mejores sino diese tantas asistencias, si no retuviese el balón de espaldas a la portería, si no bajase al centro del campo a recibir… Lo tiene todo, y sin haber dicho nunca una palabra en contra del club y sin prostituirse en cada cadena al mejor postor.

Kanouté es un grande dentro y fuera del campo. No tiene estúpidas sonrisas, no lleva estrafalarios peinados, no luce absurdos tatuajes, no pierde su tiempo en ropa hortera aconsejada por un amanerado gestor de vestuario. Kanouté es compromiso, es orgullo, es calidad… lo es todo. Y por encima, su penetrante mirada que me recuerda al “gran jefe” Robert Parish. Es verlo celebrar un gol y que te entren ganas de pedir una beca al secretariado de educación de Kandahar para que te admitan en una madrasa. Merecería la pena por el mejor futbolista del Sevilla de todos los tiempos.

Enrique Ballesteros

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