por Fátima Zulategui | 3 Noviembre 2009
Tuviste toda la gloria entre tus manos, rendida, a tu maltrecha rodilla manchega. Pero nunca supiste asumirlo como un regalo del pasado, sino como un reto del presente que quizás llegue algún día. Leíste mal las cartas de John Kramer, amigo, y caíste en su trampa como una víctima más de un pecado capital. El Karma salió a la luz para devolverte cada detalle que no supiste valorar, y te achaca cada 26 de octubre como un despertador que no necesita pilas para funcionar. Preferiste el camino rápido, el de las monedas de oro a cambio de un beso traidor. Tampoco tuviste valor para contárnoslo, y tampoco supiste qué decir para remediarlo. Te dejaste llevar por la gloria si pensar en lo convenida que es, te fuiste dejando la ropa porque no tenías dónde meter, tanto dinero en una maleta de alquiler. Porque tú preferiste calor de calefacciones y lágrimas de cristal; porque era más fácil llegar a la cama, sin ganas de pensar. Pensaste que serías más listo que los demás, y ahora rascas resquicios de orgullo por las esquinas del Pizjuán. Quitaste la bandera del mástil y la escaneaste para tu curriculum: “yo estuve allí, todo eso pasó, gracias a mí”. Pero estupidez del necio que cree más de lo que merece, vanidoso aquel que no confió en Manolo Jiménez. Te diste cuenta que ser valiente no es sólo cuestión de suerte; y percibiste que ser agradecido, sí que es de bien nacido. Pudiste joder, pudiste encantar, pero nunca pudiste negociar tu otra mitad. Rompiendo cada punto del tratado del amor, creíste que por ser el mejor, todo lo demás se evangelizaría en vapor. Y ahora alguien te robó en la cárcel, alguien te visitó sin apenas avisar antes. Se llevó tu don de ganador, tu futuro brillante, tu sombra que había que tocar con guantes. Contrataste a policías y me cuentas que aún no han podido adivinar quién fue, sin saber que al que buscaban, siempre había sido a ti mismo. No sé si éste será tu último acto, pero ahora has empeorado, ahora ya te han olvidado, será que les ha ido bien…ellos apostaron por luchar y tú, te rendiste al ganar.
Fátima Zulategui




