por Agustín Embuena | 30 Octubre 2009

El equipo contrario, con un nombre que más invitaba a recordar a San Juan Bosco y su ciudad de los muchachos, que a la competición copera, hacía pensar que íbamos a contemplar un partido de trámite.
Ya de por sí, que fuesen los aficionados sevillistas, los que alentaban y daban calor a un graderío, que a pesar de lo económico del billetaje y de la posibilidad de ver jugar a un equipo de Champions, estaba prácticamente vacío, abundaba más si cabe este razonamiento.
Pero entonces ocurrió, lo que no debería volver a ocurrir. El equipo del que hablan las lenguas antiguas. Ese del que se siente orgullosa la ciudad que le da su nombre, dio un ejemplo de pasotismo y desinterés de lo más preocupante.
Otro conjunto, sometido a la presión de la liga y de la competición europea, quizás hubiese tirado de banquillo del filial, dando por hecho el paso a la siguiente ronda y teniendo además la posibilidad del partido de vuelta.
Nuestro entrenador, quizás por conocedor de los peligros de una motivación desbordada en los equipos de categorías inferiores, o sencillamente por deferencia y respeto al rival, no lo hizo y contó con los de la primera plantilla ¡Menos mal!
Porque el equipo de Lorca, jugó y corrió inasequible al desaliento, pero enfrente tenía al tercero en la clasificación de Primera División, tenía al Sevilla fútbol club y no es de recibo que nos metan dos goles <<digan lo que digan los demás>>
Así que cuando vi la “carita” de nuestro entrenador, el tremendo cabreo que transpiraban sus brazos cruzados y la actitud entre entregada y reflexiva de sus dedos sobre el labio, supe que al menos un sevillista, sentía lo mismo que yo.
Y es que no es lo mismo ser espectaculares, que dar el espectáculo.
Agustín Embuena



