por José Manuel Ariza | 7 Octubre 2009
Saludos.
Apuesto por que el debate Jiménez esté a punto de ser finiquitado. Y lo hago pensando en los últimos partidos, los resultados, las clasificaciones… pero sobre todo, porque el juego del Equipo enamora.
Ahora sí.
Yo insisto en que ha habido un cambio sutil, leve pero consistente, en la forma de afrontar los partidos y que por mucho que pretendan convencerme de lo contrario –cosa que no se podrá lograr habida cuenta del tamaño y la dureza de mi mollera-, el Sevilla sale, desde Valencia, a ganar.
¿Simplista? Pues no. La actitud del equipo es fundamental y algunos detalles lo revelan:
1º.- Ayer, cuando lo del repaso a la galaxia –cúmulo de estrellas a varios parsec de distancia del cualquier otra forma de vida… aunque exista-, se nos lesiona el magnífico Squilacci –que fue el recambio obligado porque el “listo” de Ujfalusi prefirió quedarse cerca del centro baboso sin saber el favor que nos hacía-, Don Manuel Jiménez, nuestro Entrenador, sin alterarse, no saca otro central y confía, moviendo los peones, en la diligencia de los que estaban allí, añade a Navarro y coloca a Konko, rapidísimo, en el eje de la defensa.
El polivalente todoterreno de lujo, clase extra superior, de Adriano a la derecha y continuamos para bingo.
2º.- Perotti, esa joya que cuando termine de crecer –ya le vienen estrechos- no cabrá en los estadios, es sustituido por Capel, otro extremo.
Continuamos para lo mismo.
3º.- Cuando el trabajo inmenso de Negredo –que nos dará muchísimas alegrías de aquí a nada-, está agotado después de un trabajo feroz… ¡saca a otro delantero!
Nada de retranca, de paso atrás ni de conservar. A por ellos.
Y el bingo nos lo adjudicamos enterito.
Cuatro puntos dorados.
Y cuatro puntos sin contar que pudo haber sido escandaloso si la Suerte, la más esquiva de las gracias, no se hubiera aliado con el Casillas cuando decidió construir el castillo.
Eso porque los arapahoes, sabios cazadores, jamás cuentan con el abrigo para el invierno antes de matar al oso.
Todo ello me lleva a pensar que Don Manuel Jiménez ha terminado por entender que el material de que dispone es de primera, exquisito, apto para metas superiores… o que alguien se lo ha sugerido.
Y el debate muere de inanición.
Es posible, probable, que ocurran tropiezos y que perdamos algún partido, pero me atrevo a imaginar que salvo catástrofe mayor, pocos, muy pocos, volverán a gritarle al señor de El Arahal.
Porque una cosa en no estar de acuerdo y otra el respeto.
Y como yo he sido uno de los críticos –véase la definición en el DRAE, para los suspicaces-, no me duelen prendas en reconocer el cambio y en admitir que los dos últimos años, a pesar de los logros, se han quedado atrás.
En ésta nueva etapa, recupero la ilusión en Don Manuel y quiero llevarla hasta el paroxismo.
Porque lo mejor está por llegar, sí o sí, hoy soy jimenista.
Cuidaros.
José Manuel Ariza



