por Carlos Romero | 6 Octubre 2009

Unas 45.000 almas entonaron, con un escalofrío que recorría el espinazo, el que es ya el himno por excelencia del mundo del fútbol en el fortín en que se ha convertido la “Fábrica de los sueños”, teñida de blanco y rojo presintiendo de antemano lo que allí ocurrió.
Noche de gloria y punto neurálgico del fútbol sevillano donde se centraban todas las miradas mundiales, para presenciar el choque que acreditaría la contundente victoria del Sevilla FC ante un Real Madrid invencible hasta el momento, conformado por talones en blanco y figuras sonrientes de Profiden de cartón piedra, que cayeron estrepitosamente al son del vendaval de los soplos sevillistas de “El Arrebato” en Nervión.
Victoria en un partido de poder a poder, de garra, de sentimiento, de estrategia, de planteamiento, de emoción, de arte, de nervios, de buenos jugadores y magnífico entrenador. Victoria de las que hacen época y en el escenario soñado; victoria de altas miras que devuelve la ilusión que nunca se perdió, en un club que reclama por méritos propios su sitio en el Olimpo de los dioses.
Un Olimpo desde cuyo privilegiado balcón se asoman White, Alba, Gallegos, Spencer, Blasco Garzón, Kinké, Puelles, Brand, Sánchez-Pizjuán, Eizaguirre, Cuervas, Berruezo, Puerta,… y otras muchas leyendas sevillistas aún en vida, asienten orgullosos con una sonrisa de complicidad, apuntalando y reforzando los cimientos centenarios de la institución legendaria.
La victoria del Sevilla FC, como todas, es una victoria del sevillismo. Una victoria de los jugadores, del entrenador, del consejo de administración, del utilero, del recogepelotas, de los Biris, del médico, de las categorías inferiores, del estatus y la idiosincrasia única que supone este club en esta ciudad y, como no, de la afición en general que carga a sus jugadores sobre sus espaldas y les lleva en volandas a ganar para convertirse en insustituible. Todo un conjunto de circunstancias y hechos consumados, que confluyen en el punto del círculo central de la alfombra del estadio Ramón Sánchez-Pizjuán cuando el balón comienza a rodar.
Dicho esto, vaya mi relato y homenaje también a aquellos, que hicieron uso correcto de su sevillismo de libro. Sí, de libro. Dudando y criticando abiertamente a Jiménez y que hoy ven reconocidos sus argumentos de manera contundente. Esos mismos que hoy le felicitan -aunque le criticasen- porque anhelaban verle así: triunfador, ganador y más querido que nunca y que volverán a criticar sin dudarlo cuando las cosas no vayan como deben.
Porque esta, la afición sevillista, nunca fue una afición uniformada, (como otras no muy alejadas), que por el contrario siempre fue crítica y exigente tal y como podremos comprobar estudiando nuestra historia, y que gracias a esto hoy hay quien pueda gritar desde su atalaya fortificada que somos el mejor equipo de Andalucía de todos los tiempos.
Es hora de decir a esa afición, la nuestra, que es necesario alentarla desde cualquier estamento para que siga igual y no cambie, criticando y oponiéndose a aquello que no ve bien y felicitando hasta la saciedad por aquello a lo que empujó insaciablemente a conseguir. Que no se sienta esta afición humillada por determinados grupúsculos mediáticos internautas, ni insultada desde esas atalayas unipersonales fortificadas, porque somos lo que somos: el sevillismo y este sí que no es invisible para nadie.
Este no es el equipo de Fernández, Jiménez, González o Gutiérrez, es el equipo y el club de todos los sevillistas. El de los altos, los bajos, calvos, gordos, flacos, rubios, morenos y niños que se dejaron la garganta animando a su equipo desde donde fuese… ese que ganó ayer mismo al Real Madrid. El sevillismo de la diversidad de opiniones, el multicultural, el cosmopolita, el de cualquier tendencia socio-política y el de las mil-leches.
Todos tenemos cabida aquí, usted que me lee también si ama a su club aunque tenga una opinión distinta, siéntanse orgullosos por ello, es marca de la casa desde tiempos ancestrales.
Como este lo siento como mi blog y lo quiero igual que el mío, digo también lo que me da la gana con todo el respeto como pueden comprobar.
Permítanme felicitar particularmente a Jiménez por su trabajo, tesón y buen hacer en lo que llevamos de temporada animándole a que siga haciendo su trabajo tal y cual lo estamos viviendo felizmente y si te equivocas, aquí estamos nosotros -la inmensa afición sevillista- para recordártelo y exigírtelo. Gracias Manolo.
Carlos Romero



