Autocrítica: ¡JA!

por Pedro Monago | 6 Octubre 2009

En algún post anterior me refería a lo sana que es la autocrítica y a la conveniencia de que nuestro entrenador la ejerciera en la sala de prensa como vía de escape de ciertas tensiones. No creo que Manolo leyera mi post y, por tanto, no considero probable que mi recomendación tuviera algo que ver con el hecho de que incluso ahora, que se está jugando a gran nivel, nuestro técnico está siendo en sus declaraciones muy exigente con el equipo y con él mismo. Lo mismo da, a mí me gusta que sea así.

El caso es que parece que el término autocrítica se ha puesto de moda y ayer, por ejemplo, en una tertulia de una emisora de radio en la que participaba Monchi, los periodistas anfitriones le comentaron a nuestro Director General Deportivo que en el club se hace poca autocrítica y que, de hecho, incluso la crítica externa se lleva mal. Se llegó a afirmar que debería ser al contrario porque precisamente las críticas han sido determinantes para la evolución de Manolo Jiménez hasta llegar a hacer jugar el equipo mejor.

Me parece difícil, sin embargo, simplificar la cuestión de este modo, porque las críticas son como las puñaladas –las hay de muy distintas clases- y a veces incluso resulta difícil saber si estamos ante una crítica o se ha sobrepasado la frontera entre aquella y la descalificación personal. Por poner un ejemplo fácil, no es lo mismo decir que a uno le gusta más que el Sevilla juegue de una u otra forma que afirmar rotundamente que el entrenador no está capacitado para ejercer el cargo y que el consejo de administración no tendría que renovar su contrato. Lo primero puede que ayude -o puede que no- pero a los que han sostenido lo segundo me da a mí que les va a costar que Jiménez les de las gracias, no sé por qué, igual porque han hecho todo lo posible porque se quedara sin trabajo, lo que sin duda habría hecho imposible la evolución cuya autoría se arrogan.

Cabría enumerar aquí una larga lista de descalificaciones emitidas por esos adalides de la objetividad y del respeto –por ejemplo, llamar futbolista ridículo a Daniel Alves o soltar risitas bobaliconas e infantiles en antena cada vez que se pronunciaba el nombre de Mosquera-, pero no me resulta una actividad especialmente atractiva. En realidad lo que me ha movido a escribir estas líneas no es poner de manifiesto un inventario de burradas, sino un intento de hacer reflexionar a quienes demandan autocrítica a los profesionales del club –resulta patético, por cierto, que acusen a Monchi de no reconocer que un jugador con contrato en vigor no está dando la talla mientras le “exigen” que lo traspase al mejor precio posible, ¡vaya lumbreras!- sin ejercerla en su propia casa.

No he leído ni oído a ninguno de ellos decir que quizás los juicios sobre el trabajo de Jiménez han resultado, como el anuncio de la muerte de Mark Twain –lástima que lo hayan leído poco-, algo exagerados y que en realidad cogió al equipo en un momento muy difícil y ha resultado de enorme mérito hacer que la transición de un Sevilla que ganó títulos con un entrenador y unos jugadores determinados al actual, se haya producido con el único “sobresalto” de clasificar al equipo en quinta posición -empatado con el cuarto- en su primera temporada. Solo hace falta ver algunos ejemplos de equipos que han cambiado de entrenador después de temporadas exitosas, como el Villarreal o el Valencia –por no volver a hablar de cambiar un Renault por un Mercedes-, para apreciar en su justo término lo que ha hecho en estos años Manolo Jiménez y, por tanto, quien le dio el cargo.

Parece ser que en determinados periodistas no cabe el error, hasta el punto de que si finalmente la realidad es distinta de cómo la pintaron, es porque la realidad ha ido cambiando para adaptarse a lo que ellos pedían. Ni siquiera el hecho evidente de que no todos los de su gremio opinan igual les hace ver que en la vida es imposible no equivocarse a veces –para alguno en particular lo imposible parece acertar, dado su historial- y que, como decía al principio, es muy sano reconocer los errores.

Claro que Jiménez ha evolucionado, como todo el que va desarrollando una carrera profesional, pero eso no esconde que ha habido quien se ha empeñado, sobre la base de falta de brillantez, en cargárselo desde el principio a pesar de haber ido obteniendo unos resultados más que buenos. Espero que quienes evalúen el rendimiento de ellos en sus periódicos y emisoras no utilice parámetros parecidos, que está muy mal lo del paro.

Pedro Monago

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