por Agustín Embuena | 4 Octubre 2009
Ahí estamos, como en la canción de Raphael, si o si, contra viento y marea y como no, con “debates” a la mar, porque el equipo centenario que habla la lengua del buen hacer y el buen sentir, va resultado a resultado, asentando con hechos, las bases de un bello discurso de deseos y sentimientos.
Insisto y siempre lo he dicho. Soy un sevillista de los que se pierden en el lenguaje del tecnicismo y la estrategia. Cierto es que a la fuerza ahorcan y que por no quedar mal en demasía, lanzo de vez en vez, un habría que abrir el campo, o el centro del campo parece que hace aguas, para que mis contertulios me consideren y sigan con sus argumentos de alas y centrales con los que ellos justifican su afición y yo, poco a poco, voy ganando en cultura futbolística.
Pero dicho lo anterior, debo afirmar, que en mis cortas luces y a pesar de todo, no todo el monte es orégano. Y poniendo como ejemplo el encuentro de Glasgow, en él,hubo una cara y una cruz, a la hora de disfrutar. Para como los que yo, nos reconocemos principiantes en eso de los planteamientos tácticos, para los que no comprendimos lo pesado del campo, la colocación del contrario y la dificultad de encontrar distancias de los cuarenta y cinco primeros minutos, ese primer tiempo resultó aburrido.
Luego vino lo que vino, Konko y la jugada de pizarra que por salir como salió supo a gloria, a continuación Adriano y el ahora tú y luego yo de Fabiano y Kanouté, que hizo que nuestro corazón se hiciera más grande y fuerte, en un latido de tremenda alegría y satisfacción. ¡Anda que no! Para que eso guste no hay que entender de fútbol.
Y a eso voy, durante los noventa minutos, el equipo y el entrenador fueron los mismos y a poco que uno se esforzase, ver la cara de Jiménez, asumir y empatizar con ese gesto contenido de inmensa satisfacción y el brillo de unos ojos satisfechos de ver lo que veían, era suficiente para desearle lo mejor.
Me alegro por todos nosotros y por lo tanto me alegro por Jiménez, pero niego la mayor. Espero que tarde, pero si llega el día del mal partido, el encuentro en que no sale nada a derechas o en el que se pueda ver, desde la comodidad de la barrera, el morlaco de lo corregible, me entristeceré con todos los sevillistas y por lo tanto también con Jiménez, pero no me dolerán prendas, al decir que no me gustó el encuentro.
Por tanto, creo que no me equivoco al decir, que ni yo, ni los que como yo entendemos más de emotividad que de sistema de juego, no estamos para nada en ese Jiménez si, Jiménez no, que por lo visto tanto molesta y preocupa a propios y extraños y podemos, sin ánimo de ofender, dar nuestra opinión sin, por supuesto, pretender sentar cátedra.
Puede que Sevilla tenga un color especial, pero lo que es indiscutible es que el Sevilla tiene y tendrá una afición muy particular, que si llueve, se moja, como todas las demás.
Agustín Embuena



