por Pedro Monago | 30 Septiembre 2009

Podría pensarse que ahora que nuestro equipo del alma parece imbatible es el momento de que aquellos que siempre hemos defendido el trabajo de Jiménez saquemos pecho y presumamos. No sé que harán los demás, pero por mi parte no será así, porque creo que no tiene un especial mérito apoyar un trabajo que ya estaba soportado por números incuestionables.
No necesito tampoco que quienes han criticado siempre a nuestro entrenador asuman que estaban en un error, porque eso sería no respetar sus opiniones y nada más lejos de mi intención: una cosa es no estar de acuerdo con ellos y otra, muy distinta, pretender estar en posesión de la verdad.
Alucino, eso sí, cuando observo ciertas reacciones, especialmente en la prensa pero también en algunos aficionados, en la línea de “ahora está funcionando esto porque Jiménez nos está haciendo caso a los críticos”, afirmación que se basa en llevar a su grado máximo la simplificación de algo tan complejo como el fútbol, olvidando que existen un millón de circunstancias que pueden condicionar el desempeño de un equipo de fútbol –empezando por el rival y siguiendo por la composición de la plantilla, el estado de forma de los jugadores clave, las lesiones, los inevitables errores de planteamiento que se dan, etc-.
En mi humilde opinión, el enfoque adecuado de este momento dulce que vivimos debe ser el de disfrutarlo intensamente, dándole el enorme mérito que tiene, no considerando que esta tiene que ser necesariamente la situación siempre y asumiendo que indefectiblemente perderemos partidos –esperemos que pocos- y que también en esas circunstancias tenemos la responsabilidad de arrimar el hombro para apoyar un proyecto que los sevillistas no deberíamos valorar de forma absoluta después de cada partido –aunque las valoraciones parciales son inevitables y necesarias- sino a final de temporada. Creo, de verdad, que no hay tanta diferencia de perspectivas entre los aficionados críticos y los demás, lo único que nos distingue a unos de otros es que los primeros enjuician cada partido como algo definitivo y los segundos, basándonos en nuestra confianza en como se hacen las cosas, preferimos esperar a ver las notas finales.
En resumen, que hay que tener fe en algo que se ha demostrado que funciona, más allá de algún mal resultado parcial, porque sencillamente la perfección no existe. Aunque la verdad que hay veces que lo parece ¿verdad?.
Pedro Monago



